Misa Crismal y Clausura del Año Jubilar en la Basílica de los Remedios

Por: Diego Rodarte

Con la celebración de la Misa Crismal presidida por Monseñor José Antonio Fernández Hurtado, Arzobispo de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, fue clausurado el Año Jubilar por el V centenario de la llegada de la imagen de la Virgen de los Remedios a tierras mexicanas, que inició el 14 de febrero de 2019 y que se extendió hasta el 1 de septiembre de 2020 a causa de la pandemia por covid – 19 que impidió que la bendición de los Santos Oleos y el Santo Crisma se llevara a cabo durante la Semana Santa, debido a las restricciones de las autoridades de salud, por lo que tuvo que buscarse una nueva fecha para este rito solemne:

“Hemos elegido esta fecha que es sumamente significativa, única e irrepetible, porque es la fiesta patronal de la Arquidiócesis y la clausura del Jubileo de los 500 años de la llegada de la imagen de Nuestra Señora de los Remedios a este territorio, al Valle de México, que sin duda ha acompañado en las alegrías y tristezas, y bendecido la vida de nuestro pueblo durante cinco siglos…”, explicó Mons. Fernández al inicio de su homilía.

Ante sacerdotes, religiosos, seminaristas, agentes de pastoral de las 7 zonas pastorales, de los 23 decanatos y 203 parroquias que conforman la Arquidiócesis de Tlalnepantla, Mons. José Antonio Fernández agradeció el trabajo y el esfuerzo que se ha realizado en las parroquias para continuar con la tarea evangelizadora en estos tiempos tan difíciles para el mundo:

“Quiero en esta Misa Crismal agradecer de corazón a nuestros sacerdotes por su generosidad y creatividad, al estar cerca de nuestro pueblo para animarlo y consolarlo en este tiempo de pandemia, en donde sin duda hemos experimentado nuestra fragilidad y pequeñez, y la necesidad de tener a Dios, Nuestro Señor, como centro de nuestras vidas”.

El Arzobispo señaló que la gran invitación en este tiempo es a la esperanza en Jesucristo a pesar del duro golpe de la pandemia, que por muy dolorosa que esta sea, nos da la oportunidad de cambiar y mejorar la vida desde el proyecto de Dios, y entre los retos a cumplir dentro de este tiempo de contigencia, exhortó a intensificar la vida espiritual, buscando tener espacios de intimidad con Dios a través de la oración y adentrarse en las parroquias en el mundo de la tecnología con la finalidad de fortalecer la fe y seguir formando discípulos misioneros.

“En todo este esfuerzo sentimos muy cercana la presencia de nuestra Madre, la Virgen de los Remedios… Ella ha estado presente en la vida de nuestro pueblo, en las alegrías y tristezas, en los gozos y esperanzas. Hoy también queremos elevar nuestra oración e implorar la protección de la Virgen de los Remedios por estos momentos difíciles y complejos que aquejan a la humanidad entera, a nuestro México y a nuestra amada Arquidiócesis”, señaló Mons. Fernández.

Al término de la homilía, los presbíteros ahí reunidos renovaron sus promesas sacerdotales y se procedió a la bendición de los Oleos Santos con los que son ungidos los enfermos, los bautizados, y con los que se consagra a los sacerdotes, obispos y los templos católicos. Además, Mons. Fernández Hurtado invitó a los ahí reunidos y a quienes seguían la transmisión a través de redes sociales, a unirse en oración ante la Virgen de los Remedios para pedir por el fin de la pandemia: “Nuestra Madre nos escucha, nuestra Madre nos abraza y nos anima a seguir adelante…” reiteró el Arzobispo.

Al final de la Eucaristía, Mons. Fernández dio lectura a la oración de clausura del Año Jubilar y agradeció la presencia de autoridades civiles, entre ellas la Presidenta Municipal de Naucalpan, Patricia Durán, quien colocó una ofrenda de frutas y flores a los pies de la Virgen de los Remedios. Por su parte, el Rector de la Basílica de los Remedios, Mons. Francisco Cano Chavolla, señaló que la presencia y el cariño de la Virgen María, en su advocación de los Remedios, debe ayudarnos a crecer como familia de Dios:

“Termina este Año Jubilar, pero no se termina la presencia y el cariño de nuestra Madre, Ella se queda con nosotros, permanece con nosotros, así ha sido su deseo a través de estos cinco siglos y quiere seguir estando, prodigando todo su amor y cariño hacia todos nosotros. Que nuestro amor continúe y crezca cada vez más para que apoyándonos unos a otros superemos estas dificultades y cada vez vayamos creciendo como familia de Dios, al amparo y cuidado de su protección maternal”.

En un acto de confianza a la Virgen María, al final de la procesión desde la Capilla del Ángel a la Basílica de los Remedios, Mons. Francisco Cano subió al techo del santuario para dar la bendición con la imagen original de la Virgen de los Remedios a la Arquidiócesis de Tlalnepantla y a la Ciudad de México, de la que fuera patrona durante el Virreinato.

Cabe señalar que la celebración se llevó a cabo bajo los protocolos de la “nueva normalidad”, por lo que se suspendieron las peregrinaciones al santuario, la procesión por las calles del pueblo con la réplica, se restringió la presencia de danzantes en el atrio y la misa en la Capilla del Ángel se celebró con el 30 por ciento de su capacidad y se pidió a los fieles el uso de cubrebocas obligatorio y guardar la sana distancia.

El toque tradicional a esta celebración se lo dio el Ballet Folklórico Quetzalcoatl, de la Parroquia de Jesús de Nazareth, al frente del Presbítero Francisco Javier Fajardo Ruiz, y dirigido por el maestro Ricardo Rodríguez Vieyra; y aunque en esta ocasión no pudieron presentar sus danzas, hicieron acto de presencia con la Danza de Migueles, originaria de San Miguel Tzinacapan, Municipio de Cuetzálan, estado de Puebla, creada por la comunidad indígena nahua en honor su santo patrón, San Miguel Arcángel, en la que representan la pelea del bien contra el mal:

“Es el segundo año que participamos… hemos traído danzas otomíes del estado de México, danzas mazahuas, pero ninguna de estas danzas tiene un toque religioso tan fuerte como Danza de Migueles que representa al diablo, a los Arcángeles Miguel, Gabriel, Rafael, un ejército de ángeles, vírgenes… es una danza con un significado religioso muy profundo y por eso creímos que era muy buena idea representarla, porque aparte es poco conocida… creímos que era una buena ofrenda para nuestra Madre del cielo…”, explicó Ricardo Rodríguez.

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