Nuestra Señora de la Piedad

“Pues tanta es vuestra bondad que a nadie habéis desoído: consolad al afligido, tierna Madre de Piedad”.

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Por: Diego Rodarte

Piedad Narvarte, Alcaldía Benito Juárez

Ubicada al sur de la Ciudad de México, en la alcaldía Benito Juárez, se encuentra la colonia La Piedad Narvarte, que en sus inicios fue un pueblo originario fundado en la época prehispánica sobre un islote de nombre Ahuehuetlán y que a mediados del siglo XVII se le bautizó como el pueblo de La Piedad por ser lugar de veneración del que sería conocido como el tercer baluarte de la ciudad: Nuestra Señora de la Piedad.

Esta advocación Mariana surgió entre los siglos XIII y XV en la región europea del Rin y se extendió por todo Europa con el nombre de La Piedad, representando a la Virgen María en el momento en que Cristo es descendido de la cruz y colocado en su regazo, imagen asociada a los siete dolores de María.

La devoción a Nuestra Señora de la Piedad fue traída a la Nueva España por los dominicos recoletos, quienes se establecieron junto a una ermita de visitación franciscana abandonada, donde levantaron un convento y una ermita dedicada a la Virgen de la Piedad.

Cuenta la historia, que por el año de 1595, los dominicos encargaron a un religioso, Procurador de su Provincia, trajera de Roma una pintura de Nuestra Señora de la Piedad para colocarla en la capilla del convento. A su llegada a Roma, el Procurador mandó hacer la pintura con un artífice de buena fama, pero este tardó tanto en hacerla, que llegado el tiempo en el que el religioso tenía que regresar a la Nueva España, tuvo que traer el boceto con la esperanza de que sobre aquellas líneas otro pintor pudiera perfeccionarla.

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El navío en el que viajaba el Procurador estuvo a punto de naufragar, por lo que el religioso se encomendó a la Virgen de la Piedad, llegando con bien al puerto de Veracruz. Una vez en el convento, el Procurador mandó llamar a los prelados y religiosos para mostrarles el boceto, y al descubrir el lienzo, vieron la imagen de La Piedad perfectamente terminada y con un color hermosísimo, aunque no se sabe si se realizaron las investigaciones correspondientes para autentificar el prodigio.

Lo cierto, es que la imagen de Nuestra Señora de la Piedad causaba tal conmoción que innumerables grupos de fieles llegaban a venerarla principalmente los sábados de Cuaresma y se le invocaba para pedir por las causas difíciles. La fiesta de La Piedad, se celebraba, de acuerdo con lo establecido en el capítulo general de Roma de 1589, el sábado anterior al Domingo de Ramos.

Los testimonios de los milagros de la Virgen de rostro sufriente fueron atrayendo a grandes multitudes de fieles que se atrevían a ir más allá de los límites de la ciudad para conocerla, por lo que, en 1652 abrió sus puertas el templo de Nuestra Señora de la Piedad, construido a un lado del convento y que se convirtió en un importante centro de peregrinaje durante la época Virreinal por el fervor que la Virgen despertaba en los fieles.

La iglesia era de una sola nave y corría de Oriente a Poniente, con una puerta principal; en el retablo mayor se encontraba la imagen de Nuestra Señora de la Piedad, un lienzo de dos metros de altura que tiene plasmada a la Virgen María sentada con los brazos extendidos en ademán de dolor y piedad al ver muerto a su divino hijo, con la mirada llorosa hacia el cielo, mientras una espada desciende de lado derecho para traspasar su pecho. El cuerpo de Cristo yace reclinado sobre el regazo de su madre, su cabeza descansa en las rodillas de María, mientras que el resto de su cuerpo está derribado sobre la tierra, en postura muy natural.

El santuario, bellamente adornado con ornamentos de plata, contó con ocho altares en los que se apreciaban obras de los pintores  Miguel Cabrera y Velázquez, pero durante la Guerra de Reforma y la persecución religiosa de 1926, el templo fue profanado, quedando en el abandono, y parte de sus inmediaciones fueron convertidas primero en cuartel militar y luego de policía.

Finalmente, el templo de Nuestra Señora de la Piedad fue demolido para construir la Octava Delegación de Policía, hecho que representó la desaparición del pueblo de la Piedad y el nacimiento de la colonia Narvarte. Se dice que algunos retablos fueron llevados a algunas iglesias de Coyoacán, aunque hay quienes los dan por perdidos.

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Sin embargo, pese a la desaparición del templo, el culto a Nuestra Señora de la Piedad siguió adelante, y a finales de la década de los años cincuenta, fue construida la ahora Parroquia de Nuestra Señora de la Piedad, que alberga en su interior la imagen original que durante siglos recibió a decenas de peregrinos, por lo que los historiadores la han considerado protectora del sur de la Ciudad de México y por lo tanto, baluarte junto a la Virgen de Guadalupe, Nuestra Señora de los Remedios y La Virgen de la Bala.

Fuentes:

Fernández de Echeverría y Veitia, M. (1820). Baluartes de México: descripción histórica de las cuatro milagrosas imágenes de Nuestra Señora, que se veneran en la muy noble, leal e imperial Ciudad de México, capital de la Nueva España. Imprenta de D. Alejandro Valdés.

Mora Reyes, M. (2018). El culto a la imagen de Nuestra Señora de la Piedad, al sur de la Ciudad de México: sus inicios y su resignificación simbólica. Universidad Nacional Autónoma de México.

De Mauleón, H. (12 de enero de 2014) Patrimonio perdido. El Universal.

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