El Tularco y el Divino Redentor

 

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Por: Diego Rodarte

Al oriente de la parroquia de San Bernardino de Siena, en el centro de Xochimilco se ubica la capilla de Santa Crucita, construida entre el siglo XVI y XVII. De acuerdo con los escritos de Fray Bernardino de Sahagún, esta capilla fue construida sobre un manantial donde los naturales veneraban a sus deidades, las cuáles mandó quitar y en su lugar colocó una cruz de madera. Años más tarde se inició la construcción la capilla que en la actualidad resguarda una imagen de Cristo Crucificado elaborado con pasta de caña conocido como el Divino Redentor y un pozo que conserva el agua del antiguo manantial.

No se sabe con exactitud el origen del Divino Redentor, pero los vecinos del barrio lo celebran como su santo patrono el tercer y cuarto domingo de julio, festividad a la que se unen los barrios de San Cristóbal Xallan y San Francisco Caltongo, este último entrega una singular ofrenda como signo de hermanamiento entre los dos barrios y cuyo origen se remonta a la época prehispánica. Se trata del tularco, una pieza tejida de tule en forma rectangular y adornada con flores y banderas de papel picado que se coloca en la fachada de la capilla de Santa Crucita.

De acuerdo con fuentes históricas, el tularco prehispánico era una costumbre propia de los pueblos asentados en la zona lacustre y consistía en una ofrenda elaborada a base de tule que se colocaba frente a los basamentos piramidales durante las celebraciones dedicadas a las deidades del agua y la tierra para garantizar la fertilidad de la chinampa y una cosecha abundante.

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La tradición del tularco de la capilla de Santa Crucita surgió a principios del siglo XX a raíz de una promesa que hicieron los vecinos del barrio de Caltongo al Divino Salvador debido a que enfrentaban una gran sequía que amenazaba las cosechas en la chinampa. Fue entonces que un anciano sugirió que se realizara una ofrenda de tules confeccionada a la manera antigua y que fuera llevada a la capilla de Santa Crucita para ofrecerla al Divino Redentor.

El rito comienza desde el día sábado, cuando los vecinos se reúnen en la plazuela del barrio de Caltongo para dirigirse en grupo al ejido de San Gregorio Atlapulco para cortar el tule que debe ser fresco y tener una altura aproximada de cuatro metros para poder ser tejido. Mientras un grupo de personas se encarga de cortar el tule, otras se dan a la tarea de limpiarlo, quitar las hojas secas y llevarlo a la orilla, donde más tarde, una vez recolectado el tule suficiente, será amarrado en manojos para ser llevado al barrio de Caltongo.

Terminada esta faena, se aprovecha el resto del día para convivir y nadar en el agua de los canales, mientras los mayores comparten sus experiencias y sus recuerdos sobre esta tradición. Una costumbre que se perdió con el tiempo fue la pesca que se realizaba un día antes en los canales y con el pescado recolectado se hacía la comida de la fiesta preparada por las mujeres del barrio, pero aunque ya no haya pescado, aún se prepara una comida para recibir a las personas que trabajaron en la recolección de tule.

Al final, los tules son trasladados al paraje Zacapan, mejor conocido como “la curva”, donde el tule es sumergido en el canal para mantenerse hidratado, pues al otro día debe estar todavía fresco, verde y flexible para tejer el tularco.

A las ocho de la mañana del domingo, se reunen nuevamente las personas en la plazuela de Caltongo para trabajar en el tejido del tularco. Para esta labor se colocan dos remos encima de tabiques que servirán como parte de la estructura, posteriormente se colocan los tules en fila y uno por uno, de modo que las orillas blancas queden alineadas, mientras que las puntas verdes son trenzadas en el extremo superior, después se atraviesan los carrizos que darán soporte a la portada, mismos que serán amarrados con mecates.

Mientras todo esto ocurre, es costumbre que se repartan tamales y atole a los asistentes reunidos en la plazuela. El tejido del tularco termina alrededor del medio día cuando se empieza a adornar con gladiolas o claveles y se le colocan abundantes banderitas de colores. Una vez terminado, el representante del barrio saca el estandarte de la capilla de San Francisco para recibir al representante del barrio de Santa Crucita que porta el estandarte del Divino Redentor y comienza la procesión llevando a hombros el tularco acompañados por la música de banda y las mojigangas del barrio de San Cristóbal Xallan.

Durante el recorrido se acostumbra “bailar” al tularco, dando vueltas sobre su eje, mientras las personas que cargan bailan al ritmo de la banda, este acto se repite varias ocasiones hasta llegar a la capilla de Santa Crucita donde los esperan tres gruesos lazos con los que se ata el tularco y se sube a la fachada de la capilla donde lucirá los colores que lo adornan, dando paso a la celebración litúrgica en la que los vecinos de los tres barrios ponen sus intenciones en manos del Divino redentor.

Ocho días después, durante la octava, se repite el mismo ritual, pero según testimonios de los vecinos, con un tularco más grande, pues es así como concluye la fiesta en honor al Divino Redentor. Se cree que esta costumbre es una resignificación del antiguo ritual prehispánico en el que se colocaba un tularco sin adornar para pedir permiso a las deidades de entrar a las chinampas y comenzar las cosechas y al término de la temporada se colocaba otro tularco con los frutos maduros que representaban la abundancia de la chinampa y así agradecer los bienes recibidos.

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Por otro lado, la imagen del Divino Redentor es venerada con especial devoción el tercer y cuarto domingo de julio, pero también durante la Semana Mayor, pues el Jueves Santo es descendido de la cruz y colocado en una urna a modo de santo entierro para ser venerado durante la visita de las siete casas y es la única ocasión en el año en la que se abre el pozo y se saca agua para regalarla a los fieles que visiten la capilla de Santa Crucita.

Es así como el pasado prehispánico y la fe popular se unen entorno a la figura de Cristo, fruto de un sincretismo religioso que enriqueció el cristianismo y que mantiene viva la identidad del pueblo de Xochimilco.

Fuentes:

Colectivo de Antropología Chinampera. SAN FRANCISCO CALTONGO, HISTORIA DE UN BARRIO ANCESTRAL DE XOCHIMILCO. Primera Edición, enero 2015

Artículo: El tularco, ofrenda Xochimilca. Autor: Joaquín Praxédis Quesada.

 

 

 

 

2 comentarios

  1. como siempre muy atinado tu reportaje, es decir que este próximo domingo 29 de Julio se llevara acabo nuevamente el ritual del tularco? un abrazo con el alama querido Diego.

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