Renovación del Patrocinio de Nuestra Señora de Ocotlán

“Yo tengo una madre de dulce mirar, su nombre es María y está en Ocotlán”.

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Por; Diego Rodarte

Como cada tercer lunes de mayo, la ciudad de Tlaxcala estalló de júbilo con la bajada de Nuestra Señora de Ocotlán, quién salió de su santuario en procesión para recorrer las calles de esta región del país que ha estado bajo el amparo y el patrocinio de la Inmaculada Concepción desde hace 263 años.

Tras aprobarse la aparición de la Virgen María en 1541 a un indígena de nombre Juan Diego Bernardino en un bosque de ocotes donde se encontró la sagrada imagen de la Señora del Cielo y gracias a los milagros que ocurrieron por su amorosa intercesión, el 4 de abril de 1755, el Obispo Domingo Pantaleón Álvarez nombró a la Virgen de Ocotlán Patrona de Tlaxcala ante autoridades civiles y clericales.

Siglos después, en 1940, Nuestra Señora de Ocotlán fue nombrada Patrona de la Arquidiósesis de Puebla y en 1965, el Obispo  Luis Munive y Escobar renovó el patronato de la Santísima Virgen de Ocotlán sobre la Diósesis de Tlaxcala.

En este contexto, este lunes 21 de mayo, que coincidió con la primera fiesta litúrgica de María, Madre de la Iglesia instituída por el Papa Francisco y la fiesta en honor a la Virgen de Ocotlán , el Obispo Julio César Salcedo Aquino renovó nuevamente el Patronato de la Santísima Virgen de Ocotlán como protectora y abogada de la Diósesis de Tlaxcala.

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Las celebración inició con las vísperas la tarde y noche del domingo, con una velada de oración en el atrio y las tradicionales mañanitas interpretadas por grupos de mariachis que alegraron con sus notas la festividad. Poco después de la 1:00 de la madrugada, el Obispo Salcedo en compañía de las autoridades del santuario de Ocotlán, cambiaron la capa, el manto y la corona de la Virgen para engalanarla y salir en procesión por las calles de la ciudad de Tlaxcala en medio del replíque de las campanas, el son de las bandas y la algarabía de los fieles que recibieron a su reina con tapetes de aserrín y pétalos de rosa, además de montar altares donde la hermosa Señora se detenía para pedir por las intenciones de las familias y vecinos de aquellas calles.

El recorrido de la Virgen, que comenzó a las 2:00 de la madrugada, fue una jornada de oración y alabanza en la que se pidió por las principales necesidades de las Diósesis, visitando lugares como la zona donde se encontraba la Fábrica “Zahuapan”, la Parroquia de San José, dañada por el sismo del 19 de septiembre, los mercados, el Hospital General, la comunidad de San Hipólito Chimalpa y la Central Camionera entre otros, para elevar una oración por los trabajadores, los desempleados, las personas desaparecidas que sufren las consecuencias de la trata de personas y principalmente por todos los enfermos.

Más tarde se celebró la Santa Misa en la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción de Tlaxcala donde se oró por las vocaciones sacerdotales y las intenciones de los seminaristas. En el centro de Tlaxcala, donde se concentra el poder político del estado, el Obispo Julio César Salcedo dirigió un mensaje a los servidores públicos y a los gobernantes. en el que resaltó que las dos virtudes que debe tener un buen gobernante son “humildad y amor al pueblo” y los exortó a ser humildes como el centurión del evangelio, que en lugar de ordenarle a Jesús que curara a su criado, reconoce su autoridad y confía en la palabra de Cristo.

Uno de los lugares emblemáticos que visitó la Virgen de Ocotlán, fue la capilla del Pocito, en donde la Señora del Cielo hizo brotar una fuente de “agua santa” para erradicar la peste de sarampión que azotaba Tlaxcala en 1541 y sanar con ella a los enfermos. Esta fue la última parada que realizó la Virgen quien en todo momento fue custodiada por la Sociedad de Caballeros de Nuestra Señora de Ocotlán, quienes celebran el centenario de su fundación.

La procesión que duró poco más de 10 horas, concluyó con la Misa Solemne en la que se leyó el texto de renovación del Patronato de la Virgen de Ocotlán como abogada y protectora de la Diósesis. Una vez concluida la celebración, la sagrada imagen de la Virgen regresó al altar mayor donde permanecerá expuesta hasta el 31 de mayo, fecha en la que subirá nuevamente al camarín donde es resguardada el resto del año.

 

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