240 años de celebrar a la Abogada de los Enfermos.

Por: Fr. Luis Javier Román Moya, OFM.

El poblado de Santa Anita, ubicado al sur del área metropolitana de Guadalajara, celebró el pasado 2 de febrero la fiesta de su Patrona y Reina como lo ha realizado desde 1782. Una tradición de 240 años que año con año congrega a miles de peregrinos y devotos, sin embargo, por la actual pandemia tuvo que ser adaptada a todos los protocolos de sanidad.

Nuestra Señora de Santa Anita

El culto a Ntra. Sra. de Santa Anita, como es conocida la venerable imagen que se venera en su Santuario, inició públicamente en 1700 con la dedicación de una capilla en su honor, se celebraba su fiesta el 15 de agosto y tenía muchos devotos de la Nueva Galicia y la Nueva España. Hacia 1776 comienza a ver un cambio en las festividades y para 1782 la fiesta se cambia para el día de la Presentación del Señor y de la Purificación de María, es decir, el 2 de febrero.

Las tradiciones en Santa Anita son muy especiales en la región. Un lucido y sonoro novenario precede a la fiesta patronal. Si bien este año no se realizó el convite de carros alegóricos que anuncian las fiestas, las grandes peregrinaciones de poblados vecinos, la verbena popular y la quema del tradicional castillo; se realizaron las tres celebraciones más importantes.

Entrada de los Hijos Ausentes.

Tradición iniciada en 1954 que inició con la participación de tan solo 20 personas. Actualmente congrega a más de 30 mil peregrinos venidos de distintos puntos del estado de Jalisco y del país entre Hijos Ausentes y Devotos. Nació con la intención que los nacidos en Santa Anita y han tenido que emigrar a otra ciudad y país regresen este día o se les tenga presente en la distancia como hijos del pueblo y de la Virgen.

A ellos poco a poco se agregaron los que se consideran “hijos adoptivos” del pueblo y que regresan para visitar a la Virgen, así como los muchos devotos que en este día visitan a la Virgen en su Santuario. Esta pequeña romería se realiza el domingo anterior al 2 de febrero.

Entrada de la Cera.

Se trata de una procesión en la que participan miles de personas que cargan cirios de cera para ser ofrendados al Santuario y los cuales se quemarán a lo largo del año en las celebraciones eucarísticas y sacramentos; se realiza el 1 de febrero en la víspera de la fiesta. También se ofrendan objetos litúrgicos como casullas, purificadores, manteles, vasos sagrados, etc.

La ofrenda que más resalta es la del ajuar de la Virgen ya que este día la Imagen original será ataviada con un nuevo vestido donado por una familia de la población. A la virgen también le obsequian otros vestidos para las imágenes peregrinas y cabelleras que proceden de mujeres que han cortado su cabello y lo han querido regalar por un favor recibido o para alcanzar alguno.

Fiesta Patronal.

El día más importante es sin duda el 2 de febrero pues es la fiesta del pueblo y de la Virgen. Este día como todos los del novenario sale una replica de la imagen de la Virgen a recorrer por las mañanas las calles de la población y se reza el santo rosario. La Eucaristía más significativa es la que se lleva a cabo a las doce del medio día pues generalmente la preside un obispo o el provincial de los franciscanos por ser este Santuario administrados por frailes de San Francisco.

Por la tarde se lleva a cabo la solemne procesión con la Imagen de la Virgen por algunas calles de su pueblo. Es de las pocas o la única vez en el año que la Imagen original baja de su trono para salir a bendecir a sus hijos y devotos. Generalmente es acompañada por los grupos pastorales de la parroquia, peregrinos venidos de varios puntos del país, danzas y los frailes franciscanos. Este año solo salió acompañada por su Guardia de Honor, por los frailes y un pequeño grupo de fieles. El pueblo pudo contemplarla desde las banquetas de la calle para verla pasar e implorar un favor o dar gracias por alguno recibido.

Los asistentes pudieron contemplar el rosto de la imagen, pues es tradición que su semblante cambia de color o aspecto. Este año se observó resplandeciente, chapeteado y hermoso que por costumbre significa que la Virgen está contenta y Dios está obrando milagros por su intercesión, sobre todo relacionados con la salud.  Una vez que la Imagen regresó a su santuario fue colocada frente al altar para que todos aquellos que la fueran a visitar pudieran contemplarla más de cerca.

Los festejos culminaron con un espectáculo de fuegos pirotécnicos como cada día del novenario, iluminando el cielo con sus luces y dejando escuchar su estremecedor ruido con el que culminaba la celebración anual de la Candelaria.

La imagen tiene el título de “Abogada de los Enfermos” ya que en 1918 libró a toda la población de la epidemia de la gripa española. Fue coronada con autoridad pontificia el 29 de mayo de 2004.

“María soy de Santa Anita, mi sombra doquiera que andes te alcanza y tus males quita. Qué águila soy de almas grandes aunque me veas tan chiquita”.

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