Señor de Zelontla: Patrono de los Mineros

«También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor».

Por: Diego Rodarte

Mineral del Monte, Pachuca, Hidalgo.

Señor de Zelontla, venerado en Mineral del Monte, Pachuca, Hidalgo.

El municipio de Mineral del Monte tiene su origen en la nueva España y es conocido por sus minas de plata explotadas por Don Pedro Romero de Terreros en el siglo XVIII y posteriormente por los ingleses en el siglo XIX, sin embargo, se sabe que los toltecas ya explotaban las minas de la actual Sierra de Pachuca de donde extraían oro, plata, estaño, metal de luna, entre otros minerales.

Su nombre original era Magotsi, del Otomí “Ma”, que significa altura y “Gohtsi”: paso, portillo, portezuelo; y que precisamente era el paso de los que venían a la Huasteca o del señorío de Metztitlan para dirigirse a la gran Tenochtitlan, pero durante la dominación española cambió su nombre por Real del Monte por la costumbre durante la época virreinal de llamar así a todo lugar bajo dominio de la corona española, especialmente los centros mineros. 

En 1824 llegaron los ingleses a este lugar, con la tecnología minera más avanzada que existía en el mundo en aquel momento, lo que marcó decisivamente la fisonomía y la cultura de este pueblo: casas de máquinas, iglesia metodista, cementerio estilo inglés, casas habitación y los ya tradicionales y famosos pastes, que se convirtieron en la comida típica del lugar. 

La religiosidad minera, como el resto de la religiosidad mexicana, hunde su raíz en el siglo XVI, la centuria de la conquista y evangelización. Fue en este tiempo cuando se construyeron los templos de Nuestra Señora del Rosario y la capilla de la Santa Veracruz que fue demolida posteriormente para edificar el templo que se admira en la actualidad.

Pero la fe del pueblo de Mineral del Monte tiene su centro en una modesta capilla ubicada a una cuadra del centro del municipio construida en el siglo XVIII y que en sus inicios fue dedicada a San Diego de Alcalá, en la que actualmente se venera una piadosa imagen de Cristo doliente que representa a Jesús Nazareno, el Buen Pastor, considerado Patrono de los Mineros.

Capilla del Señor de Zelontla, Mineral del Monte.

No se tiene registro exacto de como llegó la sagrada imagen a la población, pero la tradición oral refiere que la escultura tallada en madera de encino, llegó de España al puerto de Tampico en el siglo XVII con destino a la capital de la Nueva España, aunque otra versión señala que sería llevada a la Hacienda de Santa María Regla.

La imagen fue transportada a través de la Sierra a lomo de mula, custodiada por varios hombres que fatigados por el camino, llegaron a Real del Monte pidiendo posada en la casa de un caballero y rico hacendado minero, Don Nicolás Mungia. Cuando los viajeros dispusieron continuar su marcha, al tratar de cargar la imagen, no la pudieron mover del sitio donde fue colocada, así tuvieron que permanecer varios días haciendo esfuerzos por levantar la escultura sin conseguirlo. Convencidos de que era en vano su esfuerzo, dieron aviso a los dueños de la imagen, y regresaron a su tierra de origen dejando el Cristo en Real del Monte.

Desde entonces, el pueblo manifiesta su devoción al Nazareno, al que bautizaron con el título de El Señor de Zelontla, palabra de origen nahua compuesta por los vocablos Cel – solo y Ontla – Compañía, y que en su sentido literal se traduce como «la sola compañía», pero en su interpretación quiere decir «Nuestro compañero», ya que los mineros lo adoptaron como patrón y compañero en su largas y peligrosas jornadas laborales, llamándolo cariñosamente «Nuestro Compa», por lo que el nombre completo de esta advocación es: Jesús, el Buen Pastor, mi compañero.

LA BONDAD DEL BUEN PASTOR

Mineros en mula, Mina la Dificultad

Fueron los barreteros los primeros devotos al Señor de Zelontla; cada mañana se le encomendaron por el duro trabajo al interior de las minas, y se cuenta que uno de ellos lo invocó porque no podía avanzar en su labor, y cuando estaba a punto de desfallecer, un hombre se le acercó y le pidió prestada su herramienta. El desconocido terminó la faena rápidamente y se sentó a descansar, pero como hacía mucho frío el minero se quitó su jorongo para prestárselo a su misterioso compañero, que después desapareció.

Lo extraordinario de este relato, es que el domingo siguiente el devoto minero acudió a misa para agradecer la ayuda de aquel extraño, para descubrir al Señor de Zelontla con su jorongo y su lámpara de carburo.

Otro relato sobre la bondad del Señor de Zelontla cuenta que dos caminantes iban presurosos de la Mina de Dolores hacia una casita en la ladera del Cerro del Judío, ya que la mujer de uno de ellos se encontraba gravemente enferma. Mientras caminaban preocupados, se sumó a ellos un hombre desconocido que con dulce voz les comunicó que la enferma había sanado; cuando los hombres voltearon a ver quien les hablaba, notaron la imagen del Señor de Zelontla, tal y como se venera en su capilla, y como se desvanecía poco a poco en el aire. Cuando llegaron a la casa, encontraron a la mujer completamente sana gracias a la intervención del Buen Pastor.

Otro portento ocurrió en la mina Sacramento, cuando por un descuido, tres mineros quedaron atrapados frente a una inminente explosión; uno de ellos invocó al Señor de Zelontla que se dejó ver en medio de ellos, y a pesar de haber sobrevenido la catástrofe, los mineros lograron salvarse gracias al Buen Pastor.

El minero José Hernández, quien trabajaba en la mina La Rica, fue otro de los devotos favorecidos por «El Compa». Cierto día, José bajó al nivel 550 de la mina para barrenar junto a un compañero una frente de rebaje. Aquel día, José se encontraba preocupado porque su mujer daría a luz por primera vez y la partera les había advertido del riesgo del parto. Cuando era medio turno, el rebaje se sentó de repente y José quedó atrapado con su ayudante, las horas pasaron angustiosas, ya que el oxígeno se empezaba a terminar, entonces José, pensó en el Señor de Zelontla y con toda su fe le suplicó que ayudara a su mujer a salir bien del parto a cambio de su vida.

Horas después lograron rescatarlo y entre sus compañeros, alguien desconocido se le acercó y le dijo: «ya nació tu hijo» y se perdió en el angosto túnel de la mina. Desconcertado por saber quien era esa persona, salió de la mina y se dirigió a su casa, encontrando a su mujer contenta con su hijo en brazos. José cayó en la cuenta de que el Señor de Zelontla fue quien salvó su vida y le avisó que su hijo había nacido con bien.

Es así que cada año, los mineros celebran con profunda devoción la fiesta del Dulce Nombre de Jesús en honor al Señor del Zelontla en el mes de enero, en un ambiente de júbilo y gratitud.

TERCER DOMINGO DE ENERO

Rostro del Señor de Zelontla

El tercer fin de semana de enero la capilla del Señor de Zelontla se llena de flores y frutas para agradecer al Buen Pastor los favores recibidos y encomendar todas su necesidades. El viernes por la tarde, el Señor desciende de su nicho para cambiar sus vestiduras que consisten en una túnica roja y manto azul, así como un sombrero de ala ancha con copa redonda, como el que solían ocupar los mineros, además, se enciende la lámpara de sulfuro que cuelga de la cintura y es colocado al centro del altar.

El sábado por la noche, el Señor sale en procesión en andas de su capilla a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, donde recibirá a los fieles que año con año lo visitan.

Con las tradicionales mañanitas inicia la fiesta del Dulce Nombre de Jesús en honor al Divino Pastor, Señor de Zelontla, el tercer domingo de enero, que se desarrolla entre misas, recorridos ciclistas, charreadas, palo encebado, y una carrera a pie que iniciaba y terminaba en el santuario y debía pasar por la mina La Dificultad, Casas Quemadas, la Mina San José La Rica y la Maestranza.

Una costumbre propia de esta celebración es la de llevar a los niños a la iglesia y meterlos en un cajoncito de madera para que los bendijeran. La tradición consiste en que los padres invitan a sus familiares y amigos para ser «padrinos de cajón» y fijar la fecha de bautizo, presentación, o bien, bendición de recién nacidos o niños enfermizos ante el Señor para obtener un milagro.

Es tradición que el padrino forre un cajón con seda y lo coloque a los pies de la imagen del Buen Pastor. Después de recibir el bautismo o la bendición, el padrino coloca al niño en el cajón y lo mete debajo de la túnica del Señor para que con la punta de su túnica y la oscuridad le de protección; muchas veces se trataba de una de las cajas de los explosivos que se utilizaban en las minas con la idea de protegerlos de los peligros, volverlos valientes y seguramente la de resguardar su vida.

Unos minutos después, el padrino saca al niño del cajón y se lo entrega a sus padres, quienes se adelantan a la casa para recibir a los compadres mientras el padrino camina cargando el cajón por las calles hasta llegar a la casa de su ahijado, donde se les recibe con mole y pulque como símbolo de agradecimiento, ya que ser compadres de cajón significa un compromiso de ley y amistad.

Por la noche, el Señor de Zelontla regresa en procesión a su capilla en medio de música, cohetes y la alabanza de sus fieles. La fiesta principal concluye con la quema de pirotecnia y se extiende por unos días más en medio de eventos artístico y culturales.

El resto del año, el Señor de Zelontla espera en su capilla a todos aquellos que con fe y devoción asisten en busca de su mirada implorando su favor, pues como buen pastor siempre acudirá en auxilio de sus ovejas para tomarlas en su regazo y llevarlas de regreso al redil de su misericordia.

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