El Santo Niño de Atocha de Yodocono

«En el corazón de tu pueblo te haremos un relicario, por tu bondad tan inmensa que nos hiciste…»

Exvoto del Santo Niño de Atocha, Santuario de Plateros, Zacatecas

Por: Diego Rodarte

Magdalena Yodocono, Oaxaca

Una de las advocaciones del Niño Jesús que goza de especial veneración en el territorio mexicano es la del Santo Niño de Atocha, devoción que nace en el poblado de Plateros, cercano a las minas de Frenillo, en Zacatecas. En ese lugar, los españoles construyeron una iglesia en honor al Santo Cristo de los Plateros y colocaron en el altar una hermosa imagen de talla española de la Virgen de Atocha, que en sus brazos portaba una imagen del Niño Jesús.

Se dice que la imagen original desapareció y fue necesario esculpir una nueva en la que la Virgen y el Niño se podían separar. Pronto, la imagen del Niño Jesús comenzó a tener fama de milagros y fue colocado en un nicho para ser venerado, extendiéndose su devoción por todo México, principalmente en los estados de Zacatecas, Chiapas, Aguascalientes y San Luis Potosí.

En el estado de Oaxaca, en el poblado de Magdalena Yodocono de Porfirio Díaz, perteneciente al Distrito de Asunción de Nochixtlán, existe una devoción particular al Santo Niño de Atocha, representado en una bella escultura, que de acuerdo con los pobladores tiene más de cien años de antigüedad y a la que se le atribuyen una gran cantidad de milagros, por lo que es considerado uno de los tesoros de fe más preciados de toda la comunidad que lo celebra de un modo particular cada 20 de octubre, en recuerdo de un suceso que marcó la historia y la vida del pueblo de Yodocono.

EL MILAGRO DEL NIÑO DE ATOCHA

Imagen del Santo Niño de Atocha, venerado en Yodocono.

A principios del siglo XX, el pueblo de Magdalena Yodocono fue objeto de invasiones por parte de comunidades vecinas que buscaban la posesión de esas tierras, lo que derivó en una serie de conflictos que terminaban en hechos sangrientos. Una de estas comunidades fue la de San Vicente Nuñuú, cuyos habitantes irrumpían constantemente en Yodocono, provocando pleitos con la intensión de apropiarse de los terrenos de dicha población.

El 30 de enero de 1902, un ranchero de nombre Juan Gómez, que se caracterizaba por tener una malformación que le impedía cerrar la boca debido a un accidente que tuvo en su niñez, se encontraba descansando en el paraje Yuandú, cuando un grupo de invasores entró a su propiedad para secuestrarlo y llevarlo al cerro de Ytmutachi para interrogarlo, pero al ver que no podía hablar debido a su malformación, lo dejaron para hacer un nuevo plan y soltaron a los animales de su propiedad.

Juan Gómez aprovechó esta oportunidad para escapar hacia Santa Cruz y dar aviso a los pobladores, que de inmediato corrieron la noticia hasta Yodocono. En medio de un griterío de alerta, los habitantes pusieron bajo resguardo sus pertenencias y enseguida se reunieron para encaminarse a Ytmuyahui.

La conmoción era tal, que muchos pobladores estaban dispuestos a dar la batalla, pero el Presidente Municipal les aconsejó regresar a sus casas, ya que no se encontraban debidamente preparados y el bando contrario tenía su estrategia bien planeada para tomar Yodocono. La mayoría de los presentes acataron las indicaciones del Ayuntamiento y regresaron al pueblo; no obstante, 39 hombres que no llegaron a la reunión se fueron directo al cerro donde fueron presa de una emboscada.

Al verse rodeados, los Yodoconenses apenas tuvieron tiempo de encomendarse al Santo Niño de Atocha y a su Patrona, Santa María Magdalena, iniciando un duro combate del que lograron escapar, pero desafortunadamente, cayeron en un campamento del bando contrario, por lo que se vieron en la necesidad de internarse en lo más espeso del cerro, pero en un momento de confusión los perseguidores combatieron contra sus propios aliados, pensando que eran de Yodocono y se desató una fuerte balacera que era posible divisar el fuego desde las poblaciones cercanas.

Iglesia de Santa María Magdalena, Yodocono

Los perseguidos de Yodocono aprovecharon esta confusión para huir hacia las lomas de Santa María Nduayaco, pero las autoridades y los vecinos de esta población, decididos a detener el conflicto, intimidaron a ambos grupos contrarios y los hicieron presos sin resistencia alguna.

Los presos fueron puestos a disposición del Presidente Municipal de Santa María Nduayaco, quien después de interrogarlos dio parte a las autoridades del Distrito de Teposcolula, a donde fueron remitidos para ser juzgados. La noticia de los presos llegó a Yodocono, provocando conmoción entre los familiares que con lágrimas en los ojos pedían a su presidente municipal que fueran regresados al pueblo ante los rumores de que los llevaban hasta Teposcolula o los mataban en el camino.

Los 38 presos de Yodocono llegaron con los brazos amarrados a Teposcolula y la autoridad del Distrito, Guillermo Cruz, convencido de que eran forajidos, ordenó que fueran pasados por las armas como castigo, pero Enrique Cánselo, jefe de primera instancia, celoso por el recto cumplimiento de la ley, pidió al gobernador que se les juzgara conforme a derecho, iniciando así un largo proceso judicial que favorecía a los presos de San Vicente Nuñuú.

Pasaron los meses, y el proceso legal marchaba con lentitud, mientras que los presos de Yodocono constantemente recibían amenazas de muerte, lo que tenía preocupados a sus familiares. Así llegó el mes de octubre, y ante la nula respuesta de la autoridad, los presos acordaron rezar la novena al Santo Niño de Atocha para que moviera el corazón de las autoridades y poder obtener su libertad.

La noche del 19 de octubre, último día de la novena, los presos empezaron a jugar como de costumbre para entretenerse; uno de ellos, Guadalupe Gómez, hizo un columpio con un lazo de palma que amarró a la viga madre que sostenía el techo y meciéndose hasta donde la altura se lo permitía, dio una sacudida que tronó la viga trozándola por la mitad, abriendo un agujero del grueso de un cuerpo.

Durante el año el Niño de Atocha de Yodocono es revestido con ropones, luciendo un sobrero y los atributos propios de su advocación el día de su fiesta.

Esto alarmó a los presos pensando que recibirían un nuevo castigo por este incidente, y rezaron fervorosamente al Santo Niño de Atocha. Un poco más sereno, Guadalupe Gómez pidió a sus compañeros que los sostuvieran sobre sus hombros y con una aguja de madera abrió el agujero del techo al grueso de un hombre y uno por uno lograron escapar en medio de la noche sin rumbo fijo debido a la oscuridad.

Cansados, y con los pies lacerados, llevando en brazos a un compañero enfermo, lograron escapar sin que la policía se diera cuenta y tras una larga travesía, llegaron al cerro de la murralla, muy cerca de Yodocono. Dos de los presos se adelantaron para dar aviso a la gente de su pueblo, informando a Don Julio Palacios, quien reunió a todo el Ayuntamiento, preparó provisiones y dispuso de gente armada para salir al encuentro del grupo y brindarles protección.

Los pobladores de Yodocono se reunieron y uno a uno los presos fueron regresando con sus familias en medio de un ambiente de júbilo y resueltos a defenderse en caso de que la autoridad de Teposcolula quisiera tomar represalias.

Al darse cuenta que fueron burlados, las autoridades notificaron la fuga a Guillermo Cruz, quien dio órdenes inmediatas de perseguirlos y solicitó auxilio de los pueblos cercanos para formar contingentes que los ayudaran a apresarlos, pero las autoridades de Nejapilla y Tlatayapam se negaron enérgicamente, y los mismos pobladores hicieron protestas para no cumplir con la orden de Guillermo Cruz.

El feliz regreso de los 38 presos a Yodocono es considerado uno de los milagros más importantes atribuidos al Santo Niño de Atocha y como muestra de gratitud, cada año los fieles celebran la fiesta del «Niño Lindo» el 20 de octubre. Algunas versiones refieren que después del milagro los presos compraron la imagen que se venera actualmente en el templo de Santa María Magdalena y que visita los hogares meses antes de su fiesta principal.

LA FIESTA DEL 20 DE OCTUBRE

La fiesta en honor al Santo Niño de Atocha se desarrolla los días 18,19 y 20 de octubre; previamente se realiza un novenario de preparación en el que se dan las Doce todos los días, es decir, 12 velas que representan a los doce Apóstoles; se repican las campanas del templo de la Magdalena, se quema una salva de cohetes y se realiza una serie de rosarios y misas que se conocen como velaciones o veladoras que ofrecen diferentes familias del pueblo.

El 18 de octubre se lleva a cabo la calenda floral que ofrece el padrino y el mayordomo del Niño, quienes son los encargados de custodiar la sagrada imagen. La calenda sale de casa del padrino rumbo a la explanada municipal acompañado de música y los grupos de canasteras. Una vez en la explanada municipal se piden los respectivos permisos y se invita a la presidencia municipal a participar de la calenda y es una forma de anunciar a la comunidad el inicio de la fiesta.

Iniciada la calenda, esta recorre la población, visitando la iglesia para venerar la sagrada imagen, posteriormente visitan la casa del mayordomo y del padrino para concluir en la explanada municipal, donde se reparten dulces, galletas y mezcal a todos los asistentes, principalmente a las personas que se disfrazan, como los tradicionales viejitos y el baile de las mascaritas o de los negritos, que son las principales danzas que hacen presencia durante la celebración.

Fiesta del Santo Niño de Atocha / FOTO: Humberto Raí Ramírez Jiménez

El 19 de octubre se lleva a cabo la misa de calenda al medio día, ofrecida por los padrinos y el mayordomo, por la tarde se hace la recogida de toritos en la que una banda de música recorre las calles del pueblo para recoger los toritos que los fieles entregan como ofrenda al Santo Niño y al terminar se celebra la misa de maitines o de vísperas, para concluir con la quema de pirotecnia en honor al Niño de Atocha.

El día principal, 20 de octubre se llevan a cabo las tradicionales mañanitas a las 5:00 de la mañana, al medio día se celebra la misa de función y al terminar la procesión con la sagrada imagen. La presencia de música y danza, así como expresiones populares no pueden faltar en esta celebración.

Cabe señalar que debido a la contingencia sanitaria por COVID-19, las fiestas de 2020 y 2021 fueron suspendidas para evitar aglomeraciones, aún así, los fieles no dejan de venerar al Niño lindo de mirada dulce que bendice a toda la comunidad y prueba de sus bondades son la gran cantidad de milagritos que se pueden observar dentro del nicho que lo resguarda.

FUENTE:

PATLAZLAHUACA YODOCONO, MEMORIAS DE ALGUNOS SUCESOS. Maurilio Palacios Cruz y Beningno Rodríguez Palacios.

RELATO: Amalia Cruz Hernández

Con Información de:

Lic. Humberto Raí Ramírez Jiménez, Cronista Comunitario y R.P.

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