Sebastián de Aparicio: las huellas de un hombre santo en Azcapotzalco

Camino de Azcapotzalco que ya no miras pasar la cuadrilla de carretas del rico Don Sebastián… ¡Todo cambió mi dueño por franciscano sayal! Ya no es amo sino siervo mi señor Don Sebastián”.

Por: Diego Rodarte

¿Quién podría imaginar que en medio de la urbanización están escondidas las huellas de un hombre con fama de santidad que en el siglo XVI recorrió las tierras de Azcapotzalco? Se trata del Beato Sebastián de Aparicio, cuyas reliquias reposan en el templo de San Francisco en la Ciudad de Puebla, donde murió el 25 de febrero de 1600, no sin antes abrir caminos de progreso y santidad en favor de los indígenas y el desarrollo de nuestro país.

Nacido el 20 de enero de 1502 en La Gudiña Orense, en Galicia, España, donde creció como pastor y campesino, se embarcó a México en 1533 en busca de fortuna para ayudar a su familia, estableciéndose en la recién fundada ciudad de Puebla de los Ángeles, donde encontró tierras de cultivo que trabajó fervorosamente, y en 1552 compró unos terrenos a las afueras de la Ciudad de México, entre Azcapotzalco y Tlalnepantla, fundado la Hacienda San Nicolás Careaga en Azcapotzalco, en lo que hoy es el Town Center El Rosario:

“El Beato Fray Sebastián de Aparicio tiene un arraigo muy grande dentro del territorio de Azcapotzalco, porque él tuvo una hacienda muy cerca de aquí en lo que ahora es la unidad el Rosario, donde está el Town Center… él recorrió todos estos lugares, de ahí que podemos conocer un poco de su historia”, comenta el Pbro. Anselmo Bravo, Párroco de San Juan Bautista Tlilhuaca y Vicario Episcopal de la Vida Consagrada de la Diócesis de Azcapotzalco.

TEMPLO PARROQUIAL DE SAN JUAN BAUTISTA TLILHUACA, AZCAPOTZALCO

Dicho templo parroquial, conocido como la Iglesia de los Juanes, por tener en sus inicios como Patrón a San Juan Evangelista y actualmente a San Juan Bautista, fue construido en 1845, muy cerca de los terrenos que fueron propiedad del Beato Sebastián de Aparicio y donde se promueve su culto y la difusión de su vida:

“Tlilhuaca significa “lugar oscuro”…eran tierras fértiles donde se podían cultivar todo tipo de alimentos y plantas medicinales, por lo que la gente acudía a este lugar para buscar remedios a diferentes enfermedades, y era considerado un lugar de curanderos y brujos…”, explica el Padre Anselmo.

El trabajo en la Hacienda de Careaga fue provechoso para todos, ya que sus campos fueron una escuela de labranza para los indígenas y un asilo seguro para los menesterosos que no solo encontraban refugio, sino el pan de cada día, además del consejo del Beato, que, en su calidad de seglar, se involucró en la tarea evangelizadora, promoviendo las virtudes cristianas que practicaba todos los días:

“Sebastián de Aparicio ayudó en la evangelización de los indígenas que se acercaban a su hacienda, cristianizando algunas costumbres, como las ofrendas que los indígenas hacían para sus muertos. El Beato colocó en estas ofrendas cruces de cera hechas con velas para orar por el descanso de los difuntos, por lo que se creé que Sebastián de Aparicio fundó las ofrendas de Día de Muertos que actualmente conocemos”, señala el Presbítero.

Muy cerca de la Parroquia de San Juan Tlilhuaca, en la calle General Maclovio Herrera, se encuentra el Convento de las Hermanas Clarisas del Monasterio de San Juan de la Penitencia, quienes tienen una estrecha relación con el Beato Sebastián de Aparicio, ya que de 1572 a 1574, sirvió como hermano donado en el Protomonasterio de Santa Clara, cuya sede se encontraba en la iglesia de la Santísima Trinidad, en la calle de Moneda, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y años más tarde, Sebastián de Aparicio vendió todos sus bienes y apoyó a las hermanas con 18 mil ducados para construir el Monasterio de San Juan de la Penitencia, fundado en 1598.

El antiguo Monasterio que se encontraba en la esquina de Bolivar y Tacuba, donde actualmente se encuentra la Biblioteca de Congreso de la Unión, fue cerrado con la persecución religiosa, por lo que las religiosas tuvieron que buscar un nuevo lugar para mantener su Orden, encontrando un sitio en San Juan Tlilhuaca, precisamente en los terruños que recorrió Sebastián de Aparicio:

“Para nosotros es santo ya… lo apreciamos mucho y estamos gozosas de que él caminó estos lugares que para nosotras son benditos”, comenta Sor María del Dulce Nombre Núñez Cruz, Hermana Clarisa de San Juan de la Penitencia, quien, junto con sus hermanas de congregación, promueve la devoción al Beato Sebastián de Aparicio en su Monasterio, donde tienen una imagen a la que los fieles pueden visitar en caso de alguna necesidad.

LA FIESTA DEL BEATO EN AZCAPOTZALCO

HERMANAS CLARISAS DEL MONASTERIO DE SAN JUAN DE LA PENITENCIA

Cada 25 de febrero, memoria litúrgica del Beato Sebastián de Aparicio, el Monasterio de San Juan de la Penitencia es sede de las celebraciones en honor al Beato en Azcapotzalco, y es a través de reuniones, conferencias y celebraciones litúrgicas, como las Hermanas Clarisas difunden la devoción a Sebastián de Aparicio, además de ofrecer un novenario de preparación en el convento, previo al día de la fiesta.

“La fiesta del Beato Sebastián de Aparicio en Azcapotzalco se empieza a dar a conocer desde 2017, cuando la Comisión de la Causa de los Santos viene a la Parroquia de los Santos Felipe y Santiago en Azcapotzalco, hoy catedral de la Nueva Diócesis; es ahí cuando la comisión se organiza y va caminando por diferentes lugares para dar a conocer la causa del beato, y fue así como muchas personas empiezan a reconocer que el beato estuvo por estas tierras”, expone Vicente Moreno Ríos, promotor de la Causa de Canonización del Beato Sebastián de Aparicio y que a partir de una charla referente al Camino Real de Tierra Adentro, se involucra en la investigación y la difusión de la vida del Beato, principalmente en Azcapotzalco.

“Hay muchos templos asociados al beato aquí en la Ciudad de México, por ejemplo, está el templo de Tacuba, la Parroquia de San Gabriel Arcángel, el templo de la Santísima en el Centro Histórico, el templo de San Francisco el Grande, donde está la Torre Latinoamericana, Santiago Tlatelolco también está asociado a la vida del Beato.

Es en Tlalnepantla, en la catedral de Corpus Christi, donde el Beato empieza a tener la inquietud de ser religioso franciscano y es ahí donde se asesora para saber cuál es el camino que debería seguir, esa es la importancia que tiene Tlalnepantla para el Beato.

Fuera de la ciudad hay otros lugares que también están asociados a su vida, donde la gente habla de él, no como un santo, sino como un personaje ilustre del pueblo que hizo algo por ellos”, detalla Vicente Moreno.

El Promotor de la Causa de Canonización de Sebastián de Aparicio, recuerda que la imagen del Beato fue recibida por la comunidad de San Juan Tlilhuaca en la Glorieta de los Ahuehuetes y fue llevada en procesión hasta el Monasterio de San Juan de la Penitencia, de ahí fue llevado a la Parroquia de San Juan Bautista, donde se llevó a cabo una celebración litúrgica, para regresar al convento, donde se ha dado a conocer la vida del Beato:

“Fuimos descubriendo las necesidades personales de los fieles para encomendarse al beato. Muchos ejemplos podríamos dar, pero con la pandemia se ha visto muy limitado, sin embargo, las personas acuden cuando saben que hay un evento aquí en San Juan, se han dado a la tarea de buscar la información para poder conocer más sobre la vida del Beato, desde luego que sus necesidades siempre van a estar presentes y por eso es que la gente lo busca”, señala.

El 25 de febrero de 2020, poco antes de que se declarara la emergencia sanitaria por la propagación del virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, los fieles de San Juan Tlilhuaca tuvieron la oportunidad de celebrar en el convento de las Hermanas Clarisas la fiesta del Beato Sebastián de Aparicio.

Dicha celebración contó con la presencia del señor Obispo Don Adolfo Miguel Castaño Fonseca y varios con-celebrantes, entre ellos el Presbítero Fray Jorge Galicia, representante del Vicepostulador de la Causa de Canonización del Beato Sebastián de Aparicio, el Presbítero Anselmo Bravo, Vicario Episcopal para la Vida Consagrada, entre otras personalidades, dándole un sentido oficial y solemne a las celebraciones en Azcapotzalco.

CELEBRACIÓN DEL BEATO SEBASTIÁN DE APARICIO EN LA PARROQUIA DE SAN JUAN TLILHUACA

Este 2021, en medio de la pandemia y estando la Ciudad de México en semáforo naranja, con la debida autorización y con un aforo limitado, las Hermanas Clarisas y los devotos del Beato pudieron celebrar la fiesta de manera simbólica, con un novenario de preparación que concluyó la tarde del 24 de febrero con la exposición del Santísimo Sacramento, a quien el Beato adoraba fervorosamente, y con las tradicionales mañanitas para honrar a Sebastián de Aparicio, así como la proyección de un video biográfico sobre la vida del Beato.

La tarde del 25 de febrero, las Hermanas Clarisas salieron en procesión, rezando el Santo Rosario, hacia la Parroquia de San Juan Bautista, donde tuvo lugar una Hora Santa y la Misa Solemne en honor al Beato Sebastián de Aparicio, presidida por el Párroco Anselmo Bravo.

Al término de la celebración, las Hermanas regresaron al convento en procesión, en un ambiente de recogimiento y oración, pero con el gusto de celebrar a su querido Beato.

“La vida del beato en el sentido social y antes de que fuera religioso, pues fue un empresario, llega a México queriendo hacer dinero para ayudar a sus padres, pero aquí ve la situación de los indígenas, que se ven presionados por la carga que ellos hacían de llevar cosas pesadas en tamemes sobre la espalda y es ahí donde el Beato empieza a observar cómo son tratados los indígenas… Se le conoce como amigo de los chichimecas, inclusive se le conoce también como el único fraile franciscano que tiene contacto con ellos de una manera casi secreta, porque él va entendiendo el idioma que ellos hablan y las costumbres que tienen, por lo que a Sebastián de Aparicio se le conoce como Héroe de la cultura y la fe”, puntualiza Vicente Moreno.

AMABLE INTERCESOR

CUERPO INCORRUPTO DEL BEATO SEBASTIÁN DE APARICIO

En 1574, a los 72 años de edad, Sebastián de Aparicio tomó el hábito franciscano como novicio y el 13 de junio de 1575, profesó sus votos y fue destinado al convento de Santiago de Tecali, cerca de la Ciudad de Puebla, donde desempeñó el oficio de limosnero.

Siempre viendo por los más necesitados, murió en santidad a la edad de 98 años y fue Beatificado el 17 de mayo de 1789 por el Papa Pío VI, pero su proceso de canonización quedó varado con el tiempo, retomándose hace algunos años, con el fin de consumar la Canonización y a la fecha se cuenta con 968 milagros documentados por su intercesión.

Uno de estos milagros ocurrió en 1980 a un sobrino de la Madre Elena (+), religiosa del Monasterio de San Juan de la Penitencia.

De acuerdo con el testimonio de Sor Agueda Juárez Martínez de la Inmaculada Concepción, el niño se encontraba jugando con una bolsa de cohetes que le explotaron en el brazo, causando serios daños, por lo que el médico determinó que el niño perdería el brazo.

“La Madre Elena recibió una llamada de su hermana y le dice -hermanita, en este momento le van a cortar su brazo a mi niño, porque solo le quedó un nervio, ya lo examinó el doctor y dice que solo un nervio le quedó para su brazo, el brazo lo tiene muerto, entonces se lo van a amputar, por favor pídanle al Señor que no le quiten su brazo a mi hijo-.

Entonces la Madre fue a avisarnos, porque algunas ya se habían ido a la cama, ya era tarde y nos dijo -párate, porque vamos a ir a rezar con el Santísimo por un niño que está muy grave, porque le van a cortar su brazo-. Ya nos levantamos, nos fuimos con el Santísimo y entrando la Madre con mucha espontaneidad le dijo -Señor, por intercesión del Beato Sebastián de Aparicio, te pido que no le corten el brazo al niño, haznos esa maravilla Dios mío-.

CAPILLA DEL BEATO EN EL TEMPLO DE SAN FRANCISCO, PUEBLA

Nos pusimos a rezar una estación al Santísimo, le rezamos al Beato y ahí estuvimos un rato haciendo oración… y a las 3:00 de la mañana le habla la hermana y le dijo -después de dos horas el doctor descubrió que solo un nervio tiene, y es un dedo el que tiene vida nada más, entonces, por ese dedo que tiene vida le van a poder conectar otra vez su brazo al niño y ya no se lo van a cortar-.

-¡Esto es un milagro!- Dijo la Madre Elena y nosotras lo sentimos como un milagro patente y el mismo doctor reconoció que había sido un milagro”, recuerda Sor María del Dulce Nombre Núñez.

Como promotor de la Causa de Canonización, Vicente Moreno ha participado en diferentes exposiciones y congresos para dar a conocer la vida de Sebastián de Aparicio, siendo testigo de sencillos actos de confianza que hablan de la fe que los fieles tienen al Beato:

“Cuando estuvimos en el Seminario Conciliar de México, llegó una persona, una mujer madura, y comentó que quería ir a Puebla, pero como no tenía recursos se dirigió en esa ocasión al seminario y estando en la expo, de repente se arrodilló ante la imagen que teníamos del beato y pidió de manera pública, porque se iba a ir de ilegal a Estados unidos, dejaba a sus hijos y se iba a buscar trabajo.

Este testimonio me llamó mucho la atención, porque sin ser un templo, sin ser un altar dedicado al beato, ella supo de esta expo de los santos y de una manera muy sencilla y muy respetuosa me pidió permiso para poder hacer su oración y desde ahí dirigirla de manera pública y después dejó su testimonio por escrito.

No lo considero como un milagro, pero si lo considero una forma de expresión muy noble, muy humilde, como una forma de poderse acercar a Dios a través de este intercesor que es Sebastián de Aparicio”, cuenta Vicente.

Considerado Patrono de los carreteros y los charros, la Causa de Canonización del Beato Sebastián de Aparicio sigue abierta, en espera del reconocimiento de su santidad por la Iglesia Universal. Su cuerpo incorrupto se conserva dentro de una urna de plata que los fieles pueden visitar en el templo de San Francisco, en la ciudad de Puebla, en una capilla destinada especialmente para su culto, donde se puede pedir el favor de su intercesión.

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