El Señor del Encino

“Protégeme Señor de todo mal”

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No se sabe su procedencia, ni quien esculpió el portentoso Cristo Negro venerado en Aguascalientes.

En el siglo XVI, en el barrio de Triana comenzó a venerarse un Cristo Negro, imagen sagrada que ha estado presente en las alegrías y tristezas de los moradores del antiguo poblado que fue la cuna de la ciudad de Aguascalientes.

En torno al Señor del Encino se han tejido hermosas leyendas acerca de su procedencia; una de ellas cuenta que dos hermanos amaban a la misma mujer, motivo por el cual eran constantes los pleitos entre ellos, hasta que un día comenzaron a combatir a muerte entre algunos arbustos y troncos que se encontraban en el lugar; repentinamente cayó un rayo entre ambos. Asombrados por no haberles pasado nada, observaron el lugar donde cayó el rayo y descubrieron la bendita imagen del Cristo y arrodillados ante Él pidieron perdón por su comportamiento.

Otra leyenda nos dice que una persona estaba cortando leña de un tronco de encino y repentinamente al darle un hachazo cortó el grueso tronco y a la mitad se encontró con la bella escultura de Nuestro Señor.

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Cualquiera que sea la historia de la imagen, lo cierto es que el Padre Don Salvador Jiménez Díaz, en su afán por rendirle culto e indagar sobre su procedencia, hizo algunos descubrimientos sorprendentes; uno de ellos es que la sagrada imagen no es de encino, sino de mezquite y que el Cristo era de color negro porque había sido pintado.

El Padre sabía que el Cristo lo habían traído de un poblado llamado “Bocas de Ortega”, porque un cronista llamado Don Antonio Topete del Valle tenía un novenario o tal vez trecenario mutilado, impreso en el siglo XVIII, que un “amartelado” le compuso al Señor del Encino y en el mismo existe una noticia histórica que asegura que lo trajeron de Bocas de Ortega, por lo que el Padre no tenía duda de que el Cristo era de mezquite, porque en dicha población no hay encinos, pero sí abundantes mezquites.

Tiempo atrás se habían dado a la tarea de encontrar algún indicio de tal pueblo, ya que sabían que existió en la comarca, pero no sabían exactamente en donde. Con el paso del tiempo encontraron unos cimientos de algunas construcciones, con lo que terminaron la búsqueda del pueblo y determinaron que la magnífica escultura del Señor del Encino fue traída a Triana, actual ciudad de Aguascalientes, de Bocas de Ortega y que con el material que se confeccionó era mezquite.

Cuando se llevó a Triana, el Cristo estaba bajo la custodia de una familia, pero como aumentó el número de devotos, fue necesario trasladarlo a un lugar mucho más grande y se optó por la capilla donde se venera a San Miguel Arcángel. Pero como era tanta la devoción hacia el Señor del Encino, dicha capilla pasó a ser la “Capilla del Señor del Encino”; posteriormente, en el mismo sitio se construyó el actual templo, terminando las obras en 1801.

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Uno de los milagros más portentosos ocurrió en 1913 a Doña Cecilia Soto, viuda de Mendoza, una mujer muy devota del Señor del Encino.

Eran tiempos muy difíciles por la Revolución Mexicana y en ese año, los revolucionarios pasaron por la propiedad de Doña Cecilia, expropiándole algunos víveres y comida para todo el regimiento. El hijo mayor de nombre César Mendoza, trató de oponer resistencia pero era inútil, ya que eran cientos de revolucionarios; estos lo apresaron y lo acusaron de ser partidista de don Porfirio Díaz, por lo que sería fusilado.

Doña Cecilia, sumamente angustiada por tal acontecimiento, pedía clemencia por su hijo ante el comandante, pero le fue negada; desesperada imploró la ayuda del Señor del Encino y empezó a rezarle un Santo Rosario, al terminarlo, con lágrimas en los ojos miró al cielo diciéndole al Señor: “Padre mío, no dejes que me lo quiten, te lo suplico”; fue a ver a su hijo y ante los ojos atónitos de los revolucionarios se apareció una luz hermosa que salía de un árbol. Al acercarse un poco más para ver de qué se trataba, se encontraron con la imagen del Señor del Encino, que les dijo: “Hijos míos, no cometan esta atrocidad. Su hermano César es gente de bien, no cometan un pecado del que después se arrepentirán”.

Todos se postraron ante la imagen del Señor del Encino pidiendo perdón; el batallón completo fue llamado para anunciarles el milagro y el deseo del Señor del Encino, favoreciendo a Doña Cecilia, salvando la vida de su hijo.

La fiesta del Señor del Encino se celebra el 13 de noviembre con una Romería que recorre las calles y acuden peregrinos de diferentes partes de Aguascalientes y de otros estados para rendirle tributo con especial devoción.

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