Divino Niño de Praga

“Cuanto más me honren, tanto más os bendeciré”.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Por: Diego Rodarte

El cuarto domingo de enero, en el templo del Carmen de San Ángel se realiza una sencilla celebración en honor al Divino Niño de Praga, una pequeña imagen del Niño Jesús venerada en República Checa y cuya devoción llegó a México con los Carmelitas Descalzos.

Aunque la fiesta del Niño de Praga se celebra el 25 de enero, en el templo del Carmen de San Ángel lo festejan el cuarto domingo de enero con una misa solemne, una procesión por el atrio y una convivencia entre los devotos que cada año acuden a darle gracias al Pequeño Jesús por los favores recibidos. Uno de ellos es el señor Miguel Ruíz, quien desde hace 50 años es devoto del Niño de Praga gracias a una pequeña imagen de vestir que le regaló su señora madre en su niñez:

“Esta imagen me la compró mi madre cuando yo tenía cinco años y lo acostábamos en el nacimiento en la casa… mi madrina, la señora Chavero Dorado nos dijo que los Niños Dios se tienen que vestir, nosotros solo lo poníamos en el nacimiento, no lo vestíamos. Entonces acordamos que lo íbamos a vestir del Niño de Praga, pero seguimos la tradición de los tres años, primero lo vestimos del Niño de las Palomas, después del Sagrado Corazón y después del Niño de Praga y quedó tan lindo que ya no lo desvestimos, así se quedó desde entonces porque comenzó a hacer muchos milagros… la corona se la regaló una madrina, que fue una prima de mi comadrita Toñita, a la que le hizo un gran milagro con sus hijos y le mandó hacer su corona”.

PSX_20200126_185537

Cada año, Miguel acude con sus hermanos a la celebración en el templo del Carmen y promueven la devoción al Divino Niño regalando la “Coronita” que consiste en rezar 12 Aves Marías en honor a los doce primeros años del Niño Jesús y tres Padres Nuestros en honor a la Santísima Trinidad, y después ofrecen una comida en su casa a todos los que quieran asistir. Miguel comparte que el nicho donde resguarda la pequeña imagen está llena de milagritos, que son el testimonio de los milagros que el Pequeño Jesús concede bajo la advocación del Niño de Praga y cuya historia se forjó en torno a la piedad de un fraile piadoso y una princesa que lo entregó para darlo a conocer al mundo.

CORAZÓN DE SANTO Y MANOS DE ARTISTA

Una antigua leyenda narra que a finales de la Edad Media, entre Córdoba y Sevilla, existió un monasterio en el que habitaban cuatro monjes que sobrevivieron a la invasión de los moros, uno de estos monjes era Fray José de la Santa Casa, un lego con corazón de santo y cabeza y manos de artista, pero sobre todo, con una profunda devoción a la Santa Infancia de Jesús, por lo que todos sus quehaceres los hacía pensando en el Niño Jesús.

Un buen día, mientras Fray José barría el suelo del monasterio, se le presentó un hermoso niño que le dijo: “¡Qué bien barres Fray José, y que brillante dejas el suelo! ¿Serías capaz de recitar el Ave María?”

Fray José respondió que sí a lo que el niño insistió: “pues entonces dila”. Fray José dejó la escoba y juntando las manos con la mirada baja comenzó a rezar el Ave María. Al llegar a las palabras “y bendito el fruto de tu vientre” el niño interrumpió diciendo: “¡Ese soy yo!” y enseguida desapareció.

Fray José gritó extasiado: “¡vuelve pequeño Jesús, porque de otro modo moriré del deseo de verte!”, pero Jesús no vino y día tras día Fray José lo seguía llamando en el huerto, en su celda, en la cocina, en todas partes hasta que un día sintió que la voz de Jesús le respondía: “Volveré, pero cuida de tener todo preparado para que a mi llegada hagas de mi una estatua de cera en todo igual a como soy“.

Fray José corrió a contárselo al Padre Prior y le pidió cera, un cuchillo y un pincel. El Prior se lo concedió y Fray José se entregó con ilusión a modelar una estatua de cera del niño que había visto, y una tras otra hacía y deshacía la escultura, pues nunca quedaba conforme con su obra, y cada una que hacía le salía más bella que la anterior. Así pasó el tiempo esperando a que regresara su amado Jesusito.

Por fin llegó el día en que, rodeado de ángeles, se presentó en Niño Jesús, y Fray José, en éxtasis, puso sus ojos en el Divino Niño, y con mayor naturalidad comenzó a moldear la escultura tal y como lo veía. Al terminar, observó que la estatua era igual al Sagrado Modelo, y estallando en risas y llanto de alegría, cayó de rodillas delante de la imagen y murió con la dicha de haber visto al redentor.

Los monjes sepultaron piadosamente el cuerpo de Fray José y con particular devoción colocaron la imagen de cera del Niño Jesús en el oratorio del monasterio. Aquella misma noche, Fray José se apareció en sueños al Padre Prior y le dijo:

“Esta estatua, hecha indignamente por mi, no es para el monasterio. Dentro de un año vendrá Doña Isabel Maríquez de Lara, a quien se la dareis, quien a su vez se la entregará a su hija como regalo de bodas, quien la llevará a Bohemia y de la capital de aquel reino será llamado Niño Jesús de Praga entre los pueblos y naciones. La gracia, la paz y la misericordia descenderán a la tierra por Él escogida para habitar en ella, el pueblo de aquel reino será su pueblo y Él será su pequeño Rey”.

Un año después,  Doña Isabel Maríquez de Lara, visitó las ruinas del monasterio y recibió de manos del Prior la imagen del Niño Jesús, contándole aquella historia que emocionó a la dama, quien llena de alegría regresó a su castillo de Sierra Morena, muy cerca de Córdoba.

DEVOLVEDME LAS MANOS

PSX_20200126_185313

En 1556, la Princesa Polixenia de Lobkowitz, contrajo nupcias con el duque Guillermo de Rosenberg y su madre le entregó la hermosa estatua del Divino Niño Jesús como regalo de bodas. Años más tarde y habiendo quedado viuda, se dedicó a las obras de caridad, favoreciendo principalmente a los religiosos de la Orden Carmelita de Praga. En el año de 1628, estalló la guerra en Praga, afectando severamente al monasterio Carmelita que enfrentó una grave crisis de pobreza. Ante esta situación, la Princesa Polixenia se presentó a la puerta del monasterio y entregó la imagen del Niño Jesús: “Aquí les traigo el objeto de mi mayor aprecio en este mundo. Honrad y respetad al Niño Jesús y nunca os faltará lo necesario”.

La pequeña imagen fue colocada en el oratorio y mientras los religiosos mantuvieron la devoción al Divino Niño gozaron de prosperidad, pero en 1631 el ejército de Sajonia entró en Praga y los Padres Carmelitas huyeron a Munich sin llevarse la imagen, que fue profanada y arrojada a los escombros por los invasores.

Al término de la guerra, en 1635, los Carmelitas regresaron al convento de Praga, uno de ellos fue el Padre Cirilo, quien vio que las condiciones de vida eran muy malas, al extremo de que las personas estaban apunto de perder la fe y movido por una profunda devoción al Niño de Praga, de quien había recibido ayuda espiritual, quiso restaurar la devoción y se dio a la tarea de buscar la preciada imagen.

Tras una ardua bÚsqueda y lleno de alegría, el Padre Cirilo encontró al Divino Niño entre los escombros, cubierto por una manta detrás del altar y con profunda devoción lo volvió a colocar en el oratorio donde los carmelitas lo veneraron con confianza y pronto volvió la paz a la región.

Cierto día, mientras el Padre Cirilo rezaba devotamente ante la milagrosa imagen, escuchó una voz que le decía: “Ten piedad de mi y yo tendré piedad de vosotros. Devolvedme mis manos y yo os daré la paz. Cuanto más me honren, tanto más os bendeciré”.

Asombrado por aquellas palabras, el Padre Cirilo examinó la estatua minuciosamente y descubrió que ambas manitas estaban quebradas, lo que comunicó de inmediato al superior, quien se negó a restaurarlas alegando la extrema pobreza del convento. Días después, el Padre Cirilo fue llamado por un moribundo llamado Benito Maskoning y recibió de él 100 florines, los cuales entregó al Superior con la esperanza de que se usaran para restaurar la imagen, pero el Superior determinó que se comprara una nueva pero el día que se bendijo la nueva estatua, un candelabro se desprendió de la pared  y la hizo pedazos; al poco tiempo, el Superior enfermó gravemente y murió.

Elegido un nuevo Superior, el Padre Cirilo volvió a suplicarle que restaurara las manos del Niño, y un día, mientras rezaba frente a la Virgen, llegó a la iglesia una señora que le entregó una cuantiosa limosna, dinero que Padre Cirilo entregó al Superior con la esperanza de que restaurara la imagen, pero este lo ocupó en otra cosa y pronto vinieron nuevas calamidades y pobreza sobre el monasterio.

Arrepentido, el Superior se postró frente a la imagen del Divino Niño y prometió celebrar diez misas ante su imagen para propagar su devoción. Pronto la situación mejoró, pero la imagen seguía sin ser restaurada, hasta que un día, el Padre Cirilo escuchó una voz que le decía: “Colócame a la entrada de la Sacristía, y encontrarás quien se compadezca de mi”.

Así lo hizo, y cierta ocasión se presentó un desconocido que notó que el Niño no tenía manos, por lo que se ofreció a repararlas y días después este hombre ganó un juicio en el que recuperó una cuantiosa fortuna, favoreciendo a los Carmelitas en acción de gracias al Niño Jesús de Praga, cuya devoción y milagros comenzaron a extenderse por todas partes, así que los Carmelitas decidieron construirle una capilla, no sin verse en dificultades para conseguirlo.

Finalmente, en 1442, la Princesa Lobkowitz edificó un santuario que fue dedicado en 1644, el día de la fiesta del Santo Nombre de Jesús y en 1655 el Conde Martinitz , Gran Marqués de Bohemia le regaló al Divino Niño una corona de oro esmaltada con perlas y diamantes que le fue colocada en una celebración solemne.

La devoción al Divino Niño de Praga se extendió por todo el mundo y llegó a México, donde le han sido dedicados templos y colegios, teniendo especial veneración en los templos Carmelitas como la iglesia de la Sabatina, en la Colonia Condesa, o el templo del Carmen en San Ángel, donde existe una Archicofradía dedicada a promover la devoción al Divino Niño.

La imagen original mide 48 centímetros y representa al Niño Jesús de pie, con la mano derecha levantada en actitud de bendecir, mientras con la mano izquierda sostiene un globo dorado que representa al mundo, está vestido de Rey representando la realiza de Cristo, pero también porque fueron los nobles los que le tributaron mayor veneración, vistiendo majestuosamente la tierna imagen.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s