Guadalupe: Coronación de la humildad y servicio

“Y viniste a nosotros ciñendo la corona que enjoya tu encanto…”

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Por: Mercedes Aguilar Lara

En el Apocalipsis 12 se habla de una mujer con una corona de 12 estrellas en su cabeza. Esa mujer, en una interpretación , es María, la Madre de Jesús. La Iglesia Católica celebra junto con la Asunción de María a los cielos, su coronación como Reina y Señora de la Iglesia Triunfante, en el acto en que pasó de esta vida a la eterna.

María es Reina en un sentido evangélico, nada que ver con la realeza humana y sus poderes jurisdiccionales. Jesús se separa del comportamiento de los príncipes de este mundo y es ejemplo de una autentica realeza. La que no consiste en dominar, ser el primero, ejercer el poder, recurrir a la violencia, sino, al contrario, en servir, ser humilde y dar testimonio de la verdad, en sintonía con Jesús, María vive en servicio con obediencia cordial a Dios y en ello radica su realeza.

La coronación de María es un reconocimiento a su realeza divina. Este tema fue muy popular entre los pintores durante la Edad Media y el Renacimiento por lo que existe una gran historia iconográfica  de la Coronación de la Virgen María.

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Al parecer, el acto de poner una corona en la cabeza de las imágenes  llegó a ser práctica común  en la Iglesia de Oriente, pasando después a la de Occidente. Se coronaban las imágenes de gran veneración.

El primer intento por coronar a la Virgen de Guadalupe tuvo su origen en 1738 por un extranjero enamorado de la Virgen de Guadalupe, su nombre era Lorenzo Boturini. No le fue muy bien al buscar dicho objetivo, entre otras cosas, por moverse sin autorización del gobierno civil y por su condición de extranjero. Boturini se admiró de la fe que se tenía en la Imagen Sagrada de Guadalupe, fe que él compartió, y de los muchos milagros que había realizado y por ello se esforzó en que se le coronara. Este esfuerzo se dio desde la perspectiva de un extranjero que tenía la posibilidad de comparar cultos y reconocer la preponderancia del culto a la Virgen de Guadalupe.

Durante el siglo XIX se hacen más populares las coronaciones en España y de ahí nos llega esa influencia.

La Coronación de la Virgen de Guadalupe fue un acto amparado por la mayoría del Episcopado Mexicano. El padre Antonio Plancarte y Labastida  fue quien consiguió del Pontífice Romano la autorización para coronar a la Guadalupana y de los fieles las limosnas necesarias para ampliar el santuario del Tepeyac.

El 12 de octubre de 1895 fue coronada solemnemente la Virgen de Guadalupe. Una enorme cantidad de fieles durmió en la Villa desde la víspera, con la esperanza de poder entrar al día siguiente  en el sagrado recinto. Desde el Zócalo y por toda la calzada, había una interminable fila de creyentes, unos a pie y otros en vehículo, que presurosos se dirigían a la Basílica. Por la parte conocida  como puerta del colegio de infantes, entraron con invitación del señor Plancarte los benefactores de la colegiata, las damas que ofrecieron las coronas y en general los que ayudaron a los trabajos. Por iniciativa del Obispo Ibarra, de Chilapa, asistió una representación de indígenas de Cuautitlán, patria de San Juan Diego y un representante  de cada una de las diócesis mexicanas.

Un total de cuarenta obispos, entre nacionales y extranjeros, se presentaron “revestidos de magníficas y ricas capas, ceñidas las sienes con preciosas y valiosísimas mitras deslumbrantes de oro y pedrería, muchos de ellos con sus báculos de oro, que formaban un verdadero bosque”. Después se celebró un suntuoso banquete.

La Coronación de la Virgen de Guadalupe se da en un contexto histórico en que grupos protestantes empiezan a tener mayor  capacidad de actuar en nuestro país, la tendencia política y social tienen sus ojos puestos  en lo europeo como lo mejor y surgen protestas antiaparicionistas.

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A la Distancia, la coronación de la Virgen de Guadalupe se mira como un acto de magnificencia de la Iglesia en México en honor a su Patrona. Dicho acto se consolida por la gran fe que en ella tiene el pueblo pero no repercute en mayor o menor fe. Independientemente de su coronación, , la Virgen María en su advocación de Guadalupe es Reina de los mexicanos. Al celebrar la coronación de la Virgen de Guadalupe sería bueno preguntarnos si consideramos su realeza divina  y si es que al considerarla, seguimos su ejemplo para mayor gloria de Dios.

Tomado de : BOLETÍN GUADALUPANO, no. 139. Publicación mensual. Octubre 2012.

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