Divino Redentor de Teotihuacán

“El Señor es compasivo y misericordioso”

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Por: Diego Rodarte

San Juan Teotihuacán, Estado de México

El pueblo de San Juan Teotihuacán es una de las comunidades que pertenece al municipio de Teotihuacán en el Estado de México, famoso por las imponentes pirámides, huella del pasado prehispánico de la que fuera una de las mayores ciudades de Mesoamérica. Tras la conquista, en 1548, se fundó la parroquia y el convento de San Juan Bautista, que hoy alberga la imagen del Divino Redentor, una bella escultura de Nuestro Señor Jesucristo que también es conocido como El Divino Preso o Divino Presito y que cada 15 de julio es celebrado con júbilo por toda la población y comunidades hermanas.

De acuerdo con la tradición, hace más de 200 años una epidemia de gripe asiática azotó al pueblo de San Juan Teotihuacán, diezmando rápidamente a la población. Preocupado por que cada día aumentaba el número de muertes por esta enfermedad sin que se hallara alguna cura, el párroco de la comunidad fue a San Jerónimo Xonacahuacan para que le permitieran llevar la imagen del Divino Preso a la parroquia de San Juan, pues ya tenía fama de obrar algunos prodigios, por lo que al llegar a San Juan, los fieles rogaron con fervor la intervención divina.

Se dice que, con la presencia del Divino Preso en San Juan Teotihuacán, las muertes por la epidemia fueron disminuyendo poco a poco, hasta que no se reportó ninguna muerte más. Agradecidos por el milagro, la comunidad, encabezada por el párroco, fueron a devolver la imagen a la parroquia de San Jerónimo.

Por aquellos días, había un preso condenado a morir fusilado, por lo que arrepentido de sus faltas se encomendó al Divino Presito para que lo ayudara. Cierto día, se presentó en su celda un hombre vestido humildemente, el cual le dijo que lo sacaría de ahí. El preso dudó de las palabras de aquel hombre, pues frente a ellos se encontraban los guardias que custodiaban la celda, pero el hombre insistió abriendo la reja y diciéndole que saliera.

El preso avanzó dudoso entre los guardias sin que estos se dieran cuenta de que estaba escapando; una vez fuera, aquel hombre misterioso le pidió que lo llevara a cuestas hasta San Juan Teotihuacán, a lo que el preso no puso objeciones, y colocándolo en un ceñidor, lo llevó sobre la espalda, atravesando ríos y barrancas hasta llegar por la noche a la parroquia de San Juan, donde se despidió del hombre que lo había ayudado.

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Al día siguiente, cuando el sacristán abrió el templo para la misa matutina, vio con sorpresa que la imagen del Divino Presito se encontraba afuera, y de inmediato llamó al párroco, quien no pudo explicar la llegada de la imagen. Admirados, metieron al Divino Preso a la parroquia para después informar lo ocurrido al párroco de San Jerónimo, quien ignoraba el paradero del Divino Preso.

El Cristo fue devuelto a San Jerónimo, pero la imagen volvía a aparecer en el altar del templo de San Juan Bautista cada vez que era devuelta a la parroquia de San Jerónimo, hasta que un día, el Divino Preso apareció en la entrada principal de la iglesia de San Juan, esperando a que le abrieran, lo que fue visto como una señal de que el Señor quería quedarse ahí, por lo que fue llevado al interior del templo y colocado en el altar principal para ser honrado con el título de Divino Redentor.

A partir de entonces, los testimonios de los milagros del Divino Redentor en San Juan Teotihuacán comenzaron a escucharse por todas partes, pues se dice que salía del templo para visitar a los enfermos.

Una mañana, el sacristán intentó abrir la puerta de la parroquia, pero la llave no abrió y tras varios intentos, fue a buscar al párroco para explicarle lo que sucedía. El señor cura introdujo la llave, pero no logró abrir la puerta, así que se asomaron por el cerrojo y vieron alarmados que la imagen del Divino Redentor no se encontraba en su lugar, pensando que alguien se la había robado. Preocupados, lograron abrir la puerta y vieron con sorpresa huellas de lodo que iban desde la puerta hasta el altar, encontrando al Divino Preso en su lugar con los pies cubiertos de lodo.

Intrigados por este suceso, el párroco comenzó a investigar entre la gente del pueblo, quien no dudaba en relatar que un hombre se presentaba a curar sus enfermedades y que les había dicho que se llamaba “Divino Presito”, por lo que muchas personas acudían a la parroquia para agradecer los favores recibidos.

Por eso, cada vez que el sacristán no podía abrir el templo, era señal de que el Divino Redentor había salido a curar a los enfermos, por lo que deberían esperar a su regreso, solo entonces se podía abrir la puerta.

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Cierto día, unas personas de Ozumbilla pidieron prestada la imagen del Divino Redentor para llevarla a su parroquia, pero después ya no quisieron devolverla. Indignados, algunos fieles de Teotihuacán fueron a recoger al Divino Redentor, pero se encontraron con que todos los accesos a la parroquia estaban cerrados por rejas y guardias para que no lo pudieran sacar.

Había entonces un señor del barrio de la Purificación, que acompañaba al Divino Redentor a todos los lugares que visitaba. Aquel hombre contaba que el Divino Redentor lo mandó llamar y no sin esfuerzos, logró entrar hasta donde se encontraba el Divino Redentor, quien le pidió que lo llevara de regreso a San Juan Teotihuacán. El hombre dudaba de su capacidad para sacar al Señor de aquel sitio que se encontraba bien vigilado, además de que la imagen era muy pesada para él solo, pues normalmente tenían que cargarlo entre seis personas, pero el Divino Redentor insistió.

Entonces, el hombre tomó en brazos la sagrada imagen y salieron del templo sin dificultades, sin que una sola persona se opusiera ante la voluntad del Divino Preso que ya tenía su lugar en San Juan Teotihuacán.

A la media noche, las campañas del templo de San Juan comenzaron a repicar solas, por lo que el pueblo alarmado corrió hasta la parroquia ante el repique tan insistente de las campanas, y junto con los curas del pueblo, vieron con sorpresa como todas las puertas del templo estaban abiertas y el Divino Redentor entronizado en su altar.

Otro de los milagros del Divino Redentor fue para el Padre Gustavo, quién no creía en que el Divino redentor fuera milagroso. Estando próximas las festividades en honor del Señor, fue robado todo el dinero de la parroquia, por lo que el Padre, angustiado por no tener los recursos suficientes para la fiesta, se hincó a los pies del Divino Redentor, y llorando le pidió su ayuda. Entonces, el Divino Redentor le habló, diciéndole que no se preocupara, que su fiesta se realizaría como siempre y que nada le iba a faltar.

Y así fue; en los días siguientes, las personas del pueblo comenzaron a llevar comida y aves de corral vivas para la fiesta, tantas que no fue necesario sacrificarlas, pues la comida abundó durante las festividades, que fue necesario regalarla a todos los que asistían a misa, y aún así seguía sobrando. Fue así como el Padre Gustavo creyó en las bondades del Divino Redentor.

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Por eso, cada tercer domingo de julio y el día 15 del mismo mes, el pueblo celebra entre danzas, música, devoción y alegría al Divino Redentor, que baja de su altar una vez concluido el novenario en su honor, para recibir a los fieles que lo visitan de otras comunidades y que se hermanan en las procesiones en las que el Divino Señor recorre majestuoso las calles de San Juan Teotihuacán, acompañado de los Santos Patrones de los pueblos vecinos.

Uno de los signos que se comparten durante las fiestas del Divino Redentor de Teotihuacán son unos hilos que se reparten a los fieles que se acercan a venerar la sagrada imagen. Estos hilos recuerdan que mientras Jesús iba camino al Calvario, sus vestiduras se iban desgarrando con el peso de la cruz, las espinas y los golpes de los romanos.

Al ser el Divino Redentor una imagen que nos recuerda a Cristo en su pasión, los hilos se toman como un recuerdo del amor de Jesús que da su vida por nuestra redención, por eso, se reparten miles de hilos benditos durante sus festividades, que se renuevan cada año, no como un amuleto, sino como un signo tangible de la presencia de Dios en el corazón de sus hijos.

Con información de: Divino Teotihuacán, Devoción y tradiciones del Divino Redentor, tomado del documento firmado por la señora Martha Olvera y del libro de Manuel Gamio.

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