Peregrinación de la Diócesis de Antequera Oaxaca

“Venimos a tu casa con cantos de alegría…”

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Por: Diego Rodarte

La fiesta oaxaqueña llegó nuevamente a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe en el marco de la 107 Peregrinación de la Diócesis de Antequera Oaxaca al Tepeyac. La cita fue a las 8:00 de la mañana de este domingo 12 de mayo en la ex glorieta de Peralvillo para caminar por Calzada de Guadalupe al encuentro de la Virgen Morena.

La peregrinación se distinguió por los estandartes ornamentados con exvotos de plata con la imagen enmarcada con los Santos Patronos de las parroquias que peregrinaron este año a la Basílica de Guadalupe. Monseñor Pedro Vázquez Villalobos, Obispo de Antequera Oaxaca explicó que estos estandartes representan “la presencia de toda esta historia de fe de nuestro pueblo oaxaqueño que esta mañana se postra ante las benditas y purísimas plantas de María, nuestra madre y es el símbolo de toda esa tradición de fe, de piedad que ha reunido a nuestro pueblo a través de los siglos”.

La música de la banda oaxaqueña, las alabanzas de los fieles y los bailes de las diferentes regiones de Oaxaca, con la tradicional calenda, alegraron el camino hacia la Villa. Al llegar al atrio del santuario mariano, las porras, los aplausos y los bailes mostraron el júbilo de los oaxaqueños al encontrarse una vez más ante la mirada dulce de la Virgen de Guadalupe.

Los fieles entraron en procesión por el atrio para ingresar a la casita de la Virgen y participar en la Misa solemne de acción de gracias, en la que Mons. Pedro Vázquez alzó la voz para suplicar a la Virgen una mirada y una bendición para los pueblos originarios de Oaxaca que sufren pobreza y marginación:

“Venimos a decirle a la Madre de Dios que a veces en nuestra casita estamos muy limitados y no tenemos que comer, pasamos hambre. Nuestro pueblo de Oaxaca, en muchos de los hogares pasan hambre… Mi pueblo oaxaqueño sufre violencia, sufre injusticias, sufre desprecios y en especial nuestros pueblos originarios, por ser indígenas; y venimos aquí a encontrarnos con la Madre de Dios que le habló a un indígena para decirle: cuída a mi pueblo que es indígena, que es originario.

Cuída a mi pueblo que habla otra lengua y que a veces por hablar otra lengua no nos hacemos entender y pisan nuestra dignidad y nuestra grandeza… por hablar mi lengua materna, la que tengo que cuidar porque estoy orgulloso de ser indígena. Así tiene que pensar y vivir nuestro pueblo, con grandeza y dignidad.

… María de Guadalupe, la morenita del Tepeyac contempla y mira a nuestros hermanos de color moreno, de piel indígena, y le mira con profundo amor, así como miró al indio Juan Diego, así sigue mirando María”.

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La Celebración Eucarística fue amenizada con la Misa Oaxaqueña, música que resonó en el recinto guadalupano durante la última visita de San Juan Pablo II a México, el 1 de agosto de 2002, fecha en que beatificó a los mártires oaxaqueños Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles.

Al término de la celebración, a un costado del Carrillón Guadalupano, mejor conocido como el reloj, se llevó a cabo la tradicional Guelaguetza en la que diferentes delegaciones de la sierra norte, la región sur, las costa y los Valles centrales de Oaxaca presentaron sus bailes y recitaron versos al estilo de cada región en honor a la Virgen Morena:

Si en Oaxaca Tú estuvieras,
serías la gran ciudadana,
recibe hoy estos versos
mi Madre Guadalupana.

Ya con esta me despido,
está alegre el corazón,
sigue velando mi patria
Oh Madre de mi nación

El Jarabe Ejuteco,Jarabe Miahuateco, las Chinas Oaxaqueñas, Flor de Piña, Sones de San Pedro Pochutla, Sones y Chilenas de Sola de Vega y la Danza de la Pluma, fueron algunos de los bailes que se presentaron en el atrio de la Basílica para honrar a la Virgen de Guadalupe.

La Guelaguetza en el Tepeyac llegó a su Octava edición gracias a los organizadores que desde meses antes preparan la peregrinación, destacando los señores Enrique Lorenzo Díaz y Miguel Ruíz Martínez, quienes la integraron como una ofrenda de amor y gratitud a la Reina del Cielo.  El 12 de mayo de cada año, el pueblo de Oaxaca se postra a los pies de la Guadalupana, trayendo consigo la alegría y la esperanza de un pueblo que no pierde la fe y mantiene vivos los usos y costumbres que le dan identidad.

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