Niño que juega y sana

“Niñopa de rostro hermoso, que al angustiado socorres, quita de mi los temores y conviértelos en mucho gozo…”

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Por: Diego Rodarte

El 30 de abril, fecha dedicada a reafirmar los Derechos de los Niños en todo el mundo, toma un sentido festivo y religioso para el pueblo de Xochimilco, que este día lo dedica para celebrar al Niñopan con una Misa en la Parroquia de San Bernardino de Siena y una Kermes en su mayordomía, en la que los fieles seguidores del Niño regalan comida, dulces y juguetes a los asistentes, ya sea por manda o por devoción, pues siempre será un privilegio compartir lo que se tiene.

El Día del Niño, el Niñopan recibe muchos juguetes como carritos, canicas, pelotas y peluches que en ocasiones se han convertido en objeto de anécdotas curiosas, pues más de un mayordomo asegura que por las noches se escucha ruido en la habitación del Niñopan, o en el patio de la mayordomía, como si jugara con los regalos que las personas le ofrecen con cariño; y es que en más de una ocasión, los mayordomos encuentran los carritos fuera del lugar donde los dejaron, y con frecuencia encuentran canicas debajo de su cuna, enterradas en macetas o en lugares en los que es difícil explicar como llegaron ahí, aún más cuando en la casa no hay niños pequeños.

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Lo que más llama la atención es que los zapatitos que le son colocados a la sagrada imagen en ocasiones presentan huellas como si hubiera caminado o se hubiera arrastrado con ellos para jugar, dejándolos tallados y a veces hasta desgastados. Quienes aseguran haberlo visto relatan que se trata de un Niño de entre cinco y ocho años de edad que corre, juega y ríe, y que se deja ver especialmente a personas que aunque profesan la fe católica, no son “muy creyentes”.

Pero también, el Niño se ha dejado ver en los hospitales que visita cuando lo llevan a un enfermo, pues hay enfermeras, doctores y pacientes, que aseguran haberlo visto corriendo por los pasillos, o cerca de enfermos que sanan misteriosamente; o se manifiesta en sueños a personas que sin conocerlo, les promete que los ayudará en sus necesidades siempre y cuando vayan a visitarlo a su casa en Xochimilco o bien, lo lleven de visita a su casa.

Así es como surgen múltiples anécdotas en las que el Niñopan favorece a sus devotos, transforma el corazón o da una lección de vida a quien la necesita.

EL NIÑO VISITA LAS CHINAMPAS

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Una de las anécdotas más conocidas es que el Niñopan visita las chinampas por las noches para cuidar los cultivos, por lo que a otro día, hay lodo en los pies de la sagrada imagen.

Cuentan que una señora que se dedicaba al cultivo de gladiola vio como su chinampa empezaba a secarse, por lo que su cultivo de flores se empezaba a echar a perder. Preocupada, la mujer acudió al Niñopan y le pidió que la ayudara y salvara su chinampa, pues era su único sustento económico.

Al otro día, muy temprano, la mujer llegó a trabajar a su chinampa y vio con sorpresa las huellas de unos piececitos, como si un niño hubiera caminado en el lodo. Sorprendida, la mujer corrió a la Mayordomía y pidió a la mayordoma que le permitiera ver al Niño. Tal era la sorpresa y la emoción de aquella mujer, que la mayordoma le permitió entrar a la habitación del Niñopan, que aún no había sido levantado de su cuna.

Para sorpresa de ambas, los pies del Niñito estaban llenos de lodo, a lo que la chinampera agradeció este milagro, pues pudo continuar cultivando sus gladiolas durante mucho tiempo.

MÉDICO DIVINO

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Un joven originario de Tlaxcala, solía visitar al Niñopan en su mayordomía del Barrio de Xaltocán en el año 2009, durante el periodo de descanso que el INAH propuso para la mejor conservación de la sagrada imagen.

El joven solía contar que en su tierra el Niñopan es muy querido y conocido por sus milagros. Uno de ellos le ocurrió a una niña que sufrió un terrible accidente, pues un poste le cayó en la cabeza, fracturándole el cráneo. La niña fue llevada al hospital, pero los médicos daban pocas esperanzas de vida a la pequeña, aún así la sometieron a cirugía, pero para sorpresa de los médicos, la niña no presentaba ningún daño y poco tiempo después volvió en sí.

La pequeña contó a sus padres que durante el accidente, un niño se le acercó y le sostuvo la cabeza y le dijo: “no tengas miedo, yo te voy a ayudar” y se quedó junto a ella hasta que fue llevada al hospital. Sus padres, conmovidos, se preguntaban quién pudo ser ese niño que socorrió a su hija. Fue entonces que le contaron lo ocurrido a un amigo que era originario de Xochimilco, quien al escuchar lo ocurrido les habló del Niñopan y les propuso que fueran a visitarlo.

Fue así como la familia viajó desde Tlaxcala a Xochimilco para encontrarse con el Niño, y cuando lo vieron, la pequeña reconoció en la sagrada imagen al niño que la ayudó y la consoló el día del accidente. Es así como el Niñopan tiene un lugar especial en algunos hogares de Tlaxcala.

EL PADRE JACOBO

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El Presbítero Adriano Jacobo Abarca Pérez, originario de San Mateo Xalpa, Xochimilco, fue ordenado Sacerdote el 22 de Mayo de 2010 en la Basílica de Guadalupe. Poco tiempo después fue enviado como Vicario a la Parroquia de San Bernardino de Siena. Conocedor de la lengua, la cultura, la música y las tradiciones, el Padre Jacobo, como es conocido, tenía una opinión en desacuerdo con el culto al Niñopan, por lo que en el inicio de su ministerio en San Bernardino de Siena, decidió “pintar su raya” y mantener su distancia del Niñopan.

“Pero el pequeño no quedó conforme” así lo expresaría el Padre Jacobo en una homilía que pronunció durante una celebración en honor al Niñopan y compartiendo su testimonio, relató que un día que fue a visitar a sus padres se llevó la sorpresa de encontrar al Niñopan en el hogar que lo vio crecer, pues los mayordomos de aquel año 2011, la familia Poblano Hernández, prestaron la sagrada imagen a la familia del Presbítero en una visita a puerta cerrada.

El Padre Jacobo compartió que ese día fue especial en su vida, pues pasaron cosas que el Padre consideró un regalo del Niño Peregrino, la más importante fue que su hermana le dio la noticia de que venía un sobrinito en camino, noticia que el Padre recibió con profunda alegría y que vio como un regalo del Niñopan. Poco a poco, el Padre Jacobo se fue involucrando con la mayordomía y en poco tiempo formó una casa de evangelización en la casa del Niñopan, dando pláticas de evangelización todos los viernes después del rezo del Santo Rosario.

El Padre Jacobo fue descubriendo la riqueza espiritual del Niñopan y él mismo se considera uno de sus devotos, basta con ver el respeto y la reverencia con la que se acerca a saludar al pequeño Niño, que sin duda dejó huella en el corazón de un sacerdote orgulloso de sus raíces y que es un ejemplo de fe y amor a Dios.

CUANDO EL NIÑO SE ENOJA

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Un sábado de noviembre de 2011, el Niñopan visitó una casa en el barrio de la Guadalupita. Aquella ocasión la familia había preparado una gran fiesta con comida abundante, música y el Niño portaba un llamativo ropón azúl turqueza adornado con un listón azúl que todo mundo le chuleaba, pero el semblante del Niñopan no parecía el de siempre, su rostro se veía pálido, su boca más abierta de lo normal y su mirada con un aire de tristeza.

La actitud de los hospederos denotaba presunción y prepotencia, pues lejos de hacer caso a las indicaciones de quienes iban como responsables de custodiar la sagrada imagen, la familia los ignoraba alegando ser amigos de los mayordomos. En cada oportunidad que tenían, no dejaban de vanagloriarse del festín ni de resaltar el primoroso ropón que el Niño vestía.

Así transcurrió el día, y por la noche, poco antes de salir en procesión rumbo a la mayordomía, la hospedera tomó al Niño y lo pasó de mano en mano a varios de sus familiares a pesar de que se le dijo que eso no estaba permitido. Al momento que el Niño salió, a una distancia menor a la permitida, se encendió una salva de cohetes que generó una nube espesa de humo y la basura de la pólvora caía directamente sobre los fieles y muy cerca de la sagrada imagen.

La procesión avanzó con normalidad en medio de un ambiente tenso en el que la irresponsabilidad de los hospederos era notoria, incluso, la persona que llevaba la sombrilla para resguardar al Niño, no hacía ni el más mínimo esfuerzo por proteger la escultura. Fue entonces cuando una bomba de luces estalló en el cielo, pero una fuerte corriente de aire arrastró las brasas encendidas que cayeron directamente sobre el ropón que quedó ligeramente quemado en el forro y el “primoroso” listón azúl fue perforado por las brasas.

Al llegar a la mayordomía, la hospedera, al entregar la imagen a los mayordomos dijo con una sonrisa: “se le quemó un poquito el vestido”, a lo que los mayordomos reaccionaron con discreción y preguntaron a los responsables de cuidar que había sucedido, y ellos explicaron lo ocurrido. Cabe señalar que la sagrada imagen fue revisada pertinentemente y no sufrió ningún daño, pero quedó bastante claro con este suceso, que el Niñopan mostró su inconformidad y su enojo ante la actitud de los hospederos.

Por eso es importante que quienes custodian al Niñopan y quienes lo reciben en sus hogares lo hagan con una actitud humilde y de servicio, sin importar que ostentoso o sencillo sea lo que se le ofrezca, el Niño Jesús siempre mirará el corazón y la sinceridad de quienes se acercan a Él.

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