La pesca de la Santísima

 “Rema mar adentro, y echen sus redes para pescar.” 

Por: Diego Rodarte

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Como cada año, el sábado anterior al Miércoles de Ceniza, los vecinos del barrio de la Santísima se preparan para celebrar la octava del barrio en honor a la Virgen de los Dolores Xaltocán con la pesca en la que reúnen el pescado que se consumirá durante la celebración del Miércoles de ceniza, una tradición con más de 40 años que ya forma parte de los festejos de la Virgen de Xaltocán.

El miércoles de la semana de la fiesta, los habitantes del barrio de La Santísima acuden al Santuario Parroquial de Xaltocán, encabezados por los mayordomos, para presentar la promesa floral a la Virgen de los Dolores. Concluida la celebración de la Santa Misa, los fieles regresan a la mayordomía para compartir los alimentos.

Pero el compromiso no termina ahí, ya que el Miércoles de Ceniza, el barrio regresa para celebrar la octava de la fiesta y por coincidir con el inicio de la cuaresma, el mayordomo ofrece una comida con los platillos propios de la temporada: chiles rellenos, revoltijo y pescado capeado. Décadas atrás, los responsables de la mayordomía acudían al mercado de la Viga a comprar el pescado.

El señor Carlos Correa fue uno de los iniciadores de esta tradición, y como mayordomo tenía el deber de ir a pescar para cumplir con su compromiso: “Antes íbamos por San Mateo Atenco, y nos preguntamos ¿Qué necesidad tenemos de venir hasta acá sí tenemos los canales? Ya de ahí empezamos a invitar a gente que viniera a pescar”.

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Uno de los platillos que se preparaba por aquellos años era el Michimole, mole de pescado preparado a base de tomate, nopales y cuyo ingrediente principal eran mojarras, ajolotes o ranas: “era una comida muy sabrosa” recuerda don Carlos, quien refiere que antes abundaban los ajolotes y los acociles en los canales de Xochimilco.

Con la atarraya al hombro, los pescadores abordan sus chalupas y reman por los canales que los conducirán hasta la laguna de Apatlaco, donde el agua es más limpia y se concentran gran cantidad de peces. Durante más de tres horas, los pescadores lanzan las redes que se abren como abanicos sobre las aguas. “Hay que hacerlo con fe” expresó uno de los pescadores que cada que lanzaba su atarraya sacaba una buena cantidad de peces que recolectaba en su chalupa.

El estruendo de los cohetes anuncia el final de las faenas, pues la Virgen de los Dolores recorre el canal camino a una chinampa donde recibirá a los pescadores junto con las mujeres que ofrecerán el almuerzo y que serán las encargadas de limpiar el pescado y prepararlo para el Miércoles de Ceniza.

En los inicios de la pesca, no se acostumbraba llevar a la Virgen, solo se recolectaba el pescado y se llevaba a la mayordomía; fue por iniciativa de los señores Benito del Monte y Juan Ibáñez que comenzaron a llevar primero el estandarte y después la imagen de la Dolorosa como una forma de darle su lugar a los mayordomos y honrar el esfuerzo que hacen para cumplir con la fiesta del barrio: “Lo que hacen es por la fe que tienen hacia la Virgen, no porque tengan mucho y si no lo tienen en el momento, ven como lo hacen, pero lo tienen para hacer la fiesta” comenta don Benito.

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Concluido el almuerzo, amenizado por el mariachi y un buen trago de tequila, la Virgen regresa a la mayordomía junto con la pesca obtenida. La noche del martes, ya en vísperas del Miércoles de Ceniza, los mayordomos ofrecen una cena a todas las personas que ayudarán a cocinar. Mujeres y hombres participan en esta labor por igual, batiendo huevo, empanizando o capeando, escurriendo el aceite y formando el pescado y los chilitos que se ofrecerán al día siguiente.

Por la mañana del Miércoles de Ceniza, inicia la peregrinación camino a Xaltocán, acompañada por huehuenches, la banda y la bendita imagen de la Virgen de los Dolores junto con una nueva ofrenda floral que colocarán a los pies de su altar. Terminada la Misa, a la mesa, llega la hora de degustar los alimentos que fueron preparados con esfuerzo y con devoción, pues todo este trabajo es una ofrenda a la Virgen que congrega a un barrio que vive sus tradiciones con el orgullo de ser Xochimilcas:

“Son cosas que nos hacen sentir felices, esa es la esencia de la fiesta, el sentir lo que estás viviendo para algo o para alguien, en este caso para la Virgen de los Dolores”, señaló Don Benito del monte.

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