Amor y devoción del pueblo de Ixtapalapa

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Por: Diego Rodarte

Como cada año, el pueblo de Ixtapalapa encaminó sus pasos del Cerro de la Estrella al Cerro del Tepeyac para refrendar su devoción a la Madre de los Mexicanos, la Virgen de Guadalupe.

Desde finales del mes de septiembre, las diversas sociedades y mayordomías  Guadalupanas de los medios pueblos de Axomulco y Atlalilco comenzaron a prepararse con diferentes actividades que llegaron a su culmen los días 28 y 29 de noviembre con la peregrinación a la Basílica de Guadalupe. Desde temprano, la Sociedad Florera de Axomulco y la Sociedad de Ornatos Florales de Atlalilco se dieron cita en el atrio de la Basílica para enflorar las portadas que por tradición colocan en el interior y en el exterior del santuario como ofrenda de gratitud a la Reina del Cielo.

Por la tarde, la Sociedad del Festón del medio pueblo de Atlalilco se encargó de adornar el interior de la Basílica con el festón de pino natural que sus integrantes elaboraron de manera artesanal dos días antes de la peregrinación, junto con estrellas y flores de papel, al tiempo que se colocaban las portadas de flores, la intención, que la Basílica estuviera adornada antes del arribo de los peregrinos de Ixtapalapa.

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Alrededor de las 02:00 de la tarde, las sociedades de “Los Tiradores” de los medios pueblos de Axomulco y Atlalilco, se dieron cita en la explanada del Jardín Cuitláhuac portando sus banderas y estandartes junto con los nichos de las diferentes mayordomías para partir en autobús hasta la ex glorieta de Peralvillo, donde encabezados por una banda de guerra iniciaron su peregrinación por la Calzada de Guadalupe rumbo a la Basílica para participar en la misa de bienvenida en el altar mayor.

De regreso a Ixtapalapa, alrededor de las 02:00 de la mañana comenzaron a replicar las campanas del Santuario del Señor de la Cuevita para convocar a los peregrinos que partirían a pie y a caballo rumbo al Tepeyac. Con la bendición del Padre Miguel Ángel Quiroz y las tradicionales mañanitas, comenzó el peregrinar de estos grupos que desde hace 63 años participan en este acto de fe en medio de un ambiente de alegría y convivencia que congrega a familias enteras y a todo una población en un solo sentimiento común: la alegría de encontrarse nuevamente con la Señora del Cielo.

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Y es que Ixtapalapa es un pueblo profundamente Guadalupano, pues aunque existen varias mayordomías dedicadas a las diferentes devociones de los Ocho Barrios y su fe gira entorno al Señor de la Cuevita, la Virgen de Guadalupe tiene un lugar especial en el corazón de los Ixtapalapenses, que más allá de cumplir una promesa heredada por sus mayores, es una forma de agradecer las bondades que la Madre de Dios ha tenido con ellos, tal y como lo prometió hace 487 años al Santo Juan Diego: “Para mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre”. 

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