Martes de las Amapolas en Iztacalco

Por: Diego Rodarte

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Cristo ha resucitado y habita en medio de nosotros, su presencia viva la reconocemos en la Sagrada Eucaristía, en cada hostia consagrada, en cada visita al sagrario, cuando manifiesto en la custodia, Jesús Eucaristía cumple su promesa de estar con nosotros para siempre, y es con esta presencia viva que el pueblo de Iztacalco celebra la resurrección de Cristo con el tradicional Martes de las Amapolas.

UN POCO DE HISTORIA

Un caluroso Martes de Pascua de 1771 llegaron los primeros franciscanos a Iztacalco, pueblo que se dedicaba al cultivo de flores como el clavel, la azucena, la rosa de castilla y la amapola. En este lugar se constituyó el curato de San Matías Iztacalco y se construyó la iglesia y el convento de San Matías para comenzar con la evangelización de los indígenas quienes recibieron a los frailes con agua de chía para calmar su sed.

En recuerdo de este acontecimiento, comenzó a celebrarse el Martes de Pascua y conmemorar la llegada de los primeros evangelizadores a Iztacalco, con quienes surgió la tradición de colocar capillas pozas alrededor del atrio y arrojar pétalos de amapola (flor que se daba en abundancia en esta zona) para celebrar la victoria de Cristo sobre la muerte, de ahí el nombre de Martes de las Amapolas, convirtiendo esta flor en la más representativa de las fiestas religiosas.

EN NUESTROS DÍAS

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La iglesia de San Matías es el punto de reunión para esta celebración. Los mayordomos de la barrios de Iztacalco levantan capillas pozas adornadas por imponentes y coloridas portadas enfloradas, herencia del pasado agrícola de esta población de la Ciudad de México y que son elaboradas por Mario Aguilar, originario de Iztacalco, quien aprendió de su abuelo el arte de hacer portadas con diferentes materiales.

En cada capilla se entroniza la imagen titular de los barrios de San José, la Asunción, la Santa Cruz, San Miguel, los Remedios, San Sebastian y las correspondientes a las mayordomías del Señor de Chalma y la Virgen de Guadalupe.

A las cinco de la tarde comienza el rezo del Santo Rosario, para después salir en procesión con el Santísimo Sacramento que recorre cada una de las pozas en las que se detiene para realizar un breve momento de oración. A su paso se arrojan pétalos de rosa mientras los fieles iluminan su paso con la luz de los cirios.

Al llegar a la última poza, en el centro del atrio, el párroco da la bendición solemne mientras una lluvia de pétalos de flores cae sobre los fieles al tiempo que replica las campanas para después reservar al Santísimo en el sagrario. Al termino de la procesión, se regala agua de jamaica y de horchata a los asistentes mientras la música de banda y del mariachi alegran esta festividad con la que concluyen las actividades de Semana Santa en Iztacalco.

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