Música y danza para la Reina del cielo

“El viento trajo música del cielo”.

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Por: Diego Rodarte

Uno de los elementos que no puede faltar en los festejos en honor a la Virgen de Guadalupe es la presencia de grupos de danzantes provenientes de distintos puntos de la República Mexicana y que son un verdadero homenaje en el que los fieles devotos entregan a la Guadalupana lo más representativo de sus comunidades.

Sombreros, máscaras, listones que trenzan el cabello de las mujeres, trajes típicos bordados, tocados de plumas y flores, el ritmo de tambores, violines, guitarrones o instrumentos prehispánicos como caracoles y chirimías se combinan formando un ambiente de color y música, ofrenda que sube hasta el cielo alegrando el corazón de la Madre de Dios.

Y es que la danza era una forma de oración para los antiguos mexicanos, que la incluían en sus ritos y ceremonias importantes. La misma Virgen de Guadalupe, plasmada en la tilma de San Juan Diego se presenta en actitud de oración, flexionando ligeramente la rodilla, indicando que hay movimiento, y estando en armonía con el universo que la rodea, danza y alaba al verdadero Dios por quien se vive.

Si hay un lugar en el mundo que congregue en un solo lugar el arte y la cultura de una nación expresada en la danza, es la Basílica de Guadalupe.

CANTOS Y ALABANZAS

Otra bella tradición que no falta en las vísperas del 12 de diciembre son las serenatas que diferentes grupos de peregrinos ofrecen a la Virgen de Guadalupe antes de regresar a sus comunidades de origen.

“Buenos días paloma blanca”, “La Guadalupana”, “Mi Virgen Bella”, “Del cielo bajó” son algunos de los cantos y alabanzas que los grupos, integrados en su mayoría por jóvenes, entonan en las puertas de la Basílica; algunos con lágrimas en los ojos, pues las melodías llegan a lo más profundo del corazón, descubriendo los sentimientos más sinceros de quienes los entonan, entregando sus peticiones y agradecimientos en forma de canción.

La música es uno de los elementos presentes en las apariciones de la Virgen a Juan Diego, pues fue el canto de las aves el que puso al indito santo en la antesala de su primer encuentro con la dulce Señora del cielo. Sin duda, es el canto del pueblo de México el que nos pone en la antesala de la fiesta de la Virgen Morena, culminando con las tradicionales Mañanitas, hermanando a toda una nación que se reencuentra con la Madre que la forjó en amor e identidad.

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