El General de Generales

“Tuvimos por grande suerte tener aquí tu santuario, para que en vida y muerte nos cubras con tu sudario”.

Por: Diego Rodarte

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El 25 de abril de cada año los pobladores de Juchitepec de Riva Palacio, uno de los 125 municipios del Estado de México, salen a las calles para saludar al Señor de las Agonías, un hermoso Cristo elaborado con la técnica de pasta de caña que perteneció a un matrimonio español que llegó a vivir al rancho del Texpil en el siglo XVI.

“El Generalísimo” como también se le conoce, recorre su pueblo en medio de una multitud que lo acompaña por las calles adornadas con tapetes de aserrín para agradecer los favores recibidos, pues de acuerdo con sus devotos, el Señor de las Agonías es un Cristo milagroso que bendice a todo aquel que se acerca con devoción a su sagrada imagen para implorar su misericordia.

LA RESTAURACIÓN MILAGROSA

Con la llegada de los dominicos a Juchitepec, se terminó de construir el templo y el convento de Santo Domingo de Guzmán, obras iniciadas por los frailes franciscanos pero que quedaron inconclusas hasta 1603. Fue en este año cuando el pueblo comenzó a sufrir modificaciones en las que se suprimieron los antiguos pueblos quedando unificado en sólo tres barrios: Cuautzozonco,  Juchi y Calayuco.

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En este contexto, un matrimonio español que no tenía hijos y que vivía en el rancho del Texpil, mandó a hacer una imagen de Cristo crucificado de tamaño natural para su devoción particular. Al morir la mujer, el marido dispuso que a su muerte el Cristo fuera donado a la iglesia de Santo Domingo de Guzmán.

Cuentan que cuando los restos del esposo eran llevados al antiguo panteón de Juchitepec, la sagrada imagen iba detrás del cortejo fúnebre y fue colocada en la iglesia de Santo Domingo a un costado del altar de la Virgen del Carmen donde permaneció muchos años y sólo era utilizada para los oficios propios del Viernes Santo sin recibir mayor veneración, lo que provocó que con el paso del tiempo  el Señor de las Agonías se fuera deteriorando notablemente.

Durante una festividad de la Virgen del Rosario, un 4 de febrero, el sacristán notó que el Cristo estaba sudando y percibió una gota de sangre en el ojo izquierdo del Señor, por lo que dio aviso al párroco Modesto Nápoles quien intrigado ordenó al sacristán que cubriera la imagen con lienzos y la colocara en la bodega.

El párroco informó lo ocurrido a sus superiores para recibir indicaciones y 80 días después, el 25 de abril, la imagen fue descubierta y para sorpresa de todos se encontraba completamente restaurada sin intervención de mano humana. Fue así como el Señor de las Agonías fue colocado en el altar mayor del templo de Santo Domingo y comenzó a recibir la veneración de los pobladores de Juchitepec, que no tardaron en comprobar los milagros que el prodigioso Cristo concedía a quienes confiaban en Él.

“TÚ ERES EL GENERAL DE GENERALES”

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En la etapa final de la guerra de independencia, una dura batalla se desató en un llano cercano a Juchitepec y el General al mando, Anastasio Bustamante,  al notar que su ejército iba perdiendo, miró hacia la iglesia del pueblo y se encomendó al Santo Patrón del lugar sin saber de quien se trataba, fue entonces que en medio del polvorín y el humo de los cañones apareció una imagen de Jesús Crucificado y el ejercito que parecía vencido comenzó ganar la batalla.

Al terminar el combate, el General Bustamante con su ejército victorioso se dirigió a la parroquia de Santo Domingo de Guzmán y al abrir las puertas vio al Señor de las Agonías tal y como se le había manifestado durante la batalla y como muestra de agradecimiento se quitó la banda militar que lo distinguía para colocarla sobre el pecho del Señor y a sus pies colocó su sable: “Tú ganaste la batalla, no yo, Tú eres el General de Generales”.

Fue así como empezó a llamarse el General de Generales o El Generalísimo, es por eso que durante sus festividades se le rinden honores izando la bandera nacional en su santuario acompañados de una banda de guerra y el disparo cañones para honrar a al Señor de los ejércitos.

Sin embargo, las constantes batallas que afectaban a Juchitepec durante la revolución provocaron que los habitantes abandonaran la población, a pesar de ello, el templo de Santo Domingo permaneció siempre abierto y una lámpara de aceite ardía a los pies del Señor de la Agonías, ignorándose quien la alimentaba, ya que la iglesia se encontraba en el abandono.

Cuentan que durante la revolución, un soldado federal quiso profanar la imagen y mientras subía al altar para robar la corona y las potencias del Señor, el vidrio del nicho cayó degollando al profanador, lo que provocó el miedo del resto de los soldados que no se atrevieron a acercarse al Señor de las Agonías. Hay quienes afirman que cuando se cambió el piso del altar durante los trabajos de remodelación del templo, se encontraron huellas de sangre de aquel terrible acontecimiento.

LA SAGRADA IMAGEN

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La imagen del Señor de las Agonías representa a Cristo crucificado momentos antes de expirar y entregar su espíritu en las manos del Padre Celestial, así lo describe su mirada al cielo y su boca entre abierta que transmite una profunda compasión y al mismo tiempo manifiesta la misericordia del hijo de Dios.

En algunas fotografías antiguas se puede observar que la piel del Señor era de color claro, sin embargo, las viejas costumbres de limpiar la imagen con aceite de almendras dulces provocó que la escultura se fuera opacando, adquiriendo el color moreno que actualmente lo identifica.

El 25 de abril, cientos de personas visitan el Santuario del Señor de las Agonías para agradecer los favores recibidos  y los milagros que concede principalmente a enfermos que recurren a él y que a modo de exvoto le ofrecen cabelleras, cendales y bandas para engalanar su imagen durante las festividades y una gran procesión por las calles de Juchitepec es el testimonio fiel del amor y gratitud de quienes son devotos de esta advocación de Cristo cuya sola presencia impone respeto y veneración, pero al mismo tiempo inspira paz a quienes elevan sus oraciones a quien prometió quedarse con nosotros hasta el fin de los tiempos.

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