El milagro de la Virgen de Xaltocán

“María en amor ante tantos dolores va presurosa a consolar su duelo, trae esperanza al que está desesperado y al violento, al egoísta y al avaro convierte y libra de su pecado”.

Por: Diego Rodarte

Cuenta la tradición que a finales del siglo XVIII, una anciana de nombre María Juana Xochpan vivía como ama de llaves en el mesón del rancho del señor Anacleto Enaurrízares, ubicado en el barrio de Xaltocán. Fue durante los días previos al carnaval cuando Juana, antes de salir al mercado, encerró a una guajolota bajo un cesto de carrizo y para que no escapara, colocó sobre el “chiquihuite” una vieja y deteriorada imagen de la Virgen de los Dolores, que se dice, había sido elaborada por artesanos del convento de San Bernardino de Siena y perteneció a la capilla de un hacendado, que al verla tan deteriorada, mandó arrojarla sobre un montón de piedras para que el tiempo se encargara de destruirla.

Pero el destino de la imagen sería otro. A su regreso, María Juana vio con sorpresa que la escultura de la Virgen de los Dolores se había renovado milagrosamente y se encontraba sobre un bello altar rodeada de flores, ceras luminosas y un aroma a incienso que inundaba la casa. La noticia del milagro se extendió por toda la población y como testimonio de aquel portento, los vecinos llevaron pedazos de carrizo de aquel cesto donde había sido colocada la sagrada imagen.

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Desde entonces, un domingo antes del carnaval, los habitantes de Xochimilco celebran con júbilo a la Virgen. Ocho días antes, los mayordomos del barrio de Xaltocán recorren los 17 barrios de Xochimilco para invitarlos a la fiesta. A este recorrido se le conoce como “la bandera”, pues lo encabeza el estandarte de la mayordomía junto con la bandera de México y una imagen de la Virgen de los Dolores, copia de la original. A esta procesión, acompañada por la danza de los chínelos y los Santiaguitos, se suman las imágenes de la Virgen que se veneran en las mayordomías de los barrios junto con los fieles que deseen acompañarla de regreso al santuario de Xaltocán.

La fiesta es movible de acuerdo con el calendario litúrgico y tiene como referencia el miércoles de ceniza. Inicia con las tradicionales mañanitas a la media noche y una salva de cohetes donada por los habitantes del barrio, a partir de ese día, el santuario de la Virgen de Xaltocán recibe las peregrinaciones de los pueblos y barrios de Xochimilco, además de comunidades vecinas como Culhuacán y el Ajusco Coyoacán, que ofrecen sus “promesas” a la bendita Señora.

Entre las peregrinaciones más destacadas se encuentra la de las ruedas de pirotecnia que ofrecen los pueblos de Santa Cruz Acalpixca y Santa María Nativitas, las cuales llevan a pie desde sus comunidades hasta el santuario de Xaltocán para quemarlas por la noche junto con los castillos de luces, iluminando el cielo de Xochimilco.

El jueves de la fiesta se lleva a cabo la peregrinación de los “cuatro barrios”, en la que las sociedades y mayordomías de los barrios de San Esteban, San Lorenzo, San Diego y la Guadalupita se juntan para llevar una portada enflorada, acompañados por las comparsas de “huehuenches” o “huehuenchones” que con sus disfraces y humor satírico dan inicio a los días de carnaval.

La pesca del barrio de la Santísima, las ofrendas florales del Barrio de la Asunción y Bodoquepa, el Barrilazo de Santa Cruz y las portadas de los barrios de San Juan y San Antonio, son parte de las muchas expresiones de gratitud que forman parte de esta festividad, la más grande de Xochimilco, ya que durante la segunda semana de la fiesta, cada barrio celebra la “octava”, razón por la que regresan en peregrinación al santuario el octavo día correspondiente al día de su primera visita, algunos para hacer entrega de la mayordomía a una nueva sociedad o familia, concluyendo los festejos el primer domingo de cuaresma.

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La Señora de rostro triste y mirada piadosa representa a la Virgen María en su soledad, después de haber sepultado a su hijo Jesucristo la tarde del viernes santo, y con las manos juntas en actitud suplicante espera el momento glorioso de la resurrección, al mismo tiempo que intercede por sus hijos, aquellos que con el corazón lleno de confianza acuden a Ella para el remedio de sus tristezas y el consuelo de su alma.

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