«Yo mismo me encargaré de ti y seré tu sostén y tu fiador”

Por: Diego Rodarte
El Santo Niño Fundador es una imagen del Niño Jesús que se venera en la congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (HFIC), inspirada en las apariciones místicas ocurridas a la Madre Clara del Carmen Aguilera entre 1894 y 1904 en Guanajuato y la Ciudad de México, y se le atribuye la fundación espiritual de la congregación.
La Madre Clara del Carmen Aguilera Moncada, nació en Irapuato en 1867. Sus padres fueron Don Guadalupe Aguilera y Doña Luisa Moncada, quien era sumamente piadosa, y aun antes de que su hija viniera al mundo, la consagró devotamente a la Santísima Virgen María.
Dos días después de nacida, la niña recibió el sacramento del Bautismo en la iglesia parroquial de Irapuato de manos del Pbro. Rufino Zepeda, quien le dio el nombre de Epigmenia Encarnación Francisca. Sus padrinos fueron Don Tranquilino Rodríguez y Doña Dolores Arrollo.
La familia Aguilera era muy piadosa, de modo que ejercitó a la niña en toda clase de prácticas religiosas, incluyendo el ayuno.
Cuando la niña tenía cuatro años de edad escuchó acerca de los conventos de Teresas y a partir de ese momento sintió deseos de hacerse religiosa cuando fuera mayor, pero durante su infancia perdió la capacidad auditiva del oído derecho, lo cual sería un obstáculo para ingresar a la vida religiosa.
La apariciones del Niño Jesús

El 22 de Octubre de 1894, Francisca acudió a misa al templo del “Beaterio” en Celaya, hoy Templo del Inmaculado Corazón de María. Aquel día, pidió a Dios la gracia de conocer su vocación.
A la hora de la consagración, vio descender del cielo un rayo de luz, y de pie sobre una nube, a un Niño semi-desnudo, de hermosura tierna y encantadora; con la mirada hacia abajo, sus brazos extendidos y con las palmas de las manos hacia arriba.
La joven se sentía al mismo tiempo gozosa por tan delicada distinción y confundida por el bajo concepto que tenía de ella misma; y milagrosamente pudo escuchar claramente la voz del Niño con el oído enfermo, entablando un diálogo con el infante:
“Yo fui quien te habló de la vida religiosa cuando eras niña y quise que quedaras sorda, hasta que volvieras a escuchar mi voz”.
La joven le preguntó al niño cuál era el estado de vida que ella debía seguir, a lo que el tierno niño respondió: “en el estado religioso”.
Francisca le recordó al Niño Jesús que su sordera era un obstáculo para entrar en la vida religiosa, además de ser pobre y no tener dote ni los recursos para adquirirla, pero el Niño le aseguró:
“Yo mismo seré tu médico y medicina… Yo mismo me encargaré de ti y seré tu sostén y tu fiador”.
Francisca le preguntó entonces: “¿Por qué estás desnudo siendo rey del Cielo y Tierra?” a lo que el Divino Infante contestó: “Así es como te quiero, desprendida de todo lo terreno”.
El Niño Jesús explicó a Francisca que siempre había tenido sus ojos puestos en ella para atender sus necesidades hasta el final, que su humildad era lo que lo había atraído hacia ella y que la nube en la que estaba de pie era su oración. Francisca le preguntó al Niño sobre la posición de sus manos, a lo que Él respondió: “Para levantarte a una elevada perfección a ti y a tus obras”.
La joven discurría acerca de todo cuanto estaba observando y ya no se atrevió a hablar, pero admiraba, preguntaba y recibía la contestación en su interior, hasta que el Niño desapareció.

El 19 de Noviembre de 1894 en el Templo del Carmen de Celaya, Guanajuato, a la hora de la Comunión, vio al lado del Evangelio un joven muy hermoso que le tendía los brazos; Francisca quiso correr hacia a Él, pero no pudo llegar, porque vio en el suelo unos instrumentos cortantes y dijo: ”¿Qué es esto que me impide llegar a ti? No puedo poner la punta de un dedo sin despedazarme hasta los huesos”.
El joven contestó: “Es el lugar desconocido donde te quiero y Yo mismo seré tu sostén y tu fiador. Dale cuenta a tu confesor y dile que confío en su dirección”.
Obedeciendo el mandato del Niño, Francisca habló con su confesor sobre lo ocurrido y su deseo de ingresar a la vida religiosa, pero el sacerdote le ordenó pedirle al Niño Jesús una prueba sobre su vocación, y el 22 de Noviembre de 1894, en el templo del Beaterio de Celaya, después de la Comunión, la joven escuchó una voz que le decía: “Di a tu confesor que la prueba que le doy es que este día quedarás totalmente sana de tus graves enfermedades”, quedando curada completamente de su sordera.
Tiempo después, la joven Francisca visitó la Ciudad de México, llegando a la Congregación de Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (HFIC), fundada en 1874 por Fray José del Refugio Morales Córdova, junto con Sor María de la Luz de Cristo Crucificado (Dolores Vázquez), ubicada en la calle 3ª de Colombia Nº 76. Desde sus inicios, esta congregación se dedicó a la educación y el cuidado de los necesitados, consolidándose a pesar de la persecución religiosa provocada por las Leyes de Reforma.
En este lugar, Francisca escuchó nuevamente la voz del Niño Jesús que le decía: “Este es el lugar desconocido, donde te quiero”.

Obediente a la voluntad del Niño Jesús, Francisca ingresó a la vida religiosa, probablemente con las monjas Concepcionistas, ya que fue en el templo de la Encarnación de México donde nuevamente recibió la visita del Niño Jesús, a finales de 1903.
En aquella ocasión, el Niño Jesús le dijo: “Te levantaré a ti y a tus obras a gran perfección”, y Francisca, entendiendo que sus obras eran la pequeña Congregación a donde Él la había conducido en un principio, le contestó: “Acepto, con la condición de que Tú seas el FUNDADOR”.
Fue sí como Francisca ingresó a la Congregación de Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (HFIC) con el nombre de Madre Clara del Carmen Aguilera, conocida por sus hermanas como “Madre Clarita”, convirtiéndose en una figura fundamental en la consolidación de la congregación en México, que hasta entonces había recibido aprobación diocesana inicial en 1896, y la aprobación definitiva de la Santa Sede el 25 de septiembre de 1963.
El 22 de octubre de 1904, 10 años después de la primera aparición, el Niño Jesús se le apareció nuevamente a la Madre Clarita, pero en esta ocasión vestido y sentado en una nube, por lo que la Madre Clarita le preguntó: “¿Por qué estás sentado y vestido?”, a lo que el Niño respondió: “Porque soy el FUNDADOR”.
Esta fue la sexta y última aparición del Niño Jesús a la Madre Clarita, quien en recuerdo de aquellas revelaciones, mandó a hacer una imagen del Niño Jesús tal y como lo había visto, dándole el nombre de El Santo Niño Fundador.

La Madre Clara del Carmen sirvió a su Congregación como superiora general, formando a nuevas generaciones de religiosas, como la Venerable Madre Humilde del Niño Jesús, y fue reconocida por su gran humildad, caridad y entrega al cuidado de los más necesitados, ancianos y niños, promoviendo la espiritualidad franciscana y la devoción al Santo Niño Fundador, hasta su muerte en 1940.
Actualmente, la imagen original del Santo Niño Fundador es custodiada por las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción en la casa Hogar Santa Inés, ubicada en el Barrio de San Lucas, en la Alcaldía Coyoacán, en la Ciudad de México, y que pertenece a la congregación como Asociación religiosa.
Esta Casa Hogar fue llamada en un principio “Casa Hogar del Niño Jesús, A. C.” por ser el lugar que resguarda la primera imagen del Santo Niño Fundador. Desde su fundación a la actualidad, esta institución se dedica a brindar protección, alimentación, educación y formación integral a niñas de 3 a 11 años de edad que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, pobreza extrema o riesgo, sostenidas a través de donativos, bazares de ropa y el apoyo de la comunidad.
Cada 22 de octubre, las religiosas de la Casa Hogar Santa Inés celebran con sencillez y mucha devoción la fiesta del Santo Niño Fundador, con una Misa como momento central, un programa cultural preparado por las hermanas y las niñas, y una comida para compartir con todos los devotos del Santo Niño Fundador, las familias de las niñas, los bienhechores de la casa, vecinos, amigos y hermanas de otras fraternidades que se suman a este festejo.

Las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción (HFIC) tienen una fuerte presencia en México, particularmente en el centro y sur a través de la Provincia de Nuestra Señora de Guadalupe, cubriendo entidades como Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Veracruz, y en todas las Provincias promueven la devoción al Santo Niño Fundador, especialmente en Chiapas, en el pueblo de Comitán de Domínguez, donde existe una ermita dedicada al Santo Niño Fundador, a un costado de la iglesia de San Sebastián, y donde se venera una imagen del Santo Niño Fundador que fue traída de Puebla el 21 de octubre de 1944 por la Madre Mercedes Martín del Campo.
Tal fue el arraigo de esta devoción al niño Jesús en Comitán, que cada año recibe a cientos de peregrinos provenientes de distintas regiones de Chiapas, Guatemala y el interior de la República Mexicana, quienes llegan para agradecer favores, presentar a sus hijos recién nacidos o simplemente rendir homenaje a esta advocación tan querida a la que celebran con serenatas con música religiosa, mariachis y marimba, que llenan de alegría las calles del barrio de San Sebastián.