“Señor de las Maravillas, eres nuestro divino consuelo, sol esplendente que brilla desde las puertas del cielo”.
Por: Diego Rodarte
El Arenal, Hidalgo
El Quinto Viernes de Cuaresma, centenares de peregrinos llegan al pueblo de El Arenal, en el estado de Hidalgo, para venerar una imagen de Cristo crucificado considerado milagroso por la gran cantidad de favores que Dios concede a través de esta sagrada imagen que, se dice, llegó al Arenal a principios del siglo XIX.
Se dice que, en 1806, una mujer de Atotonilco el Chico, actual Mineral del Chico, llegó al Arenal con una escultura de un Cristo al que ella misma llamaba El Señor de los Laureles. A los lugareños les gustó mucho la imagen, por lo que decidieron recabar limosnas, juntando la cantidad de $30 pesos, suma que la vendedora aceptó.
Otra versión dice que un grupo de peregrinos procedente de Atotonilco se dirigía rumbo a Actopan con el Cristo, y tras llegar a El Arenal, la misma empezó a volverse tan pesada que decidieron detenerse para descansar, procediendo al día siguiente a ponerlo en venta.

Los fieles levantaron un pequeño altar para venerar al Cristo, comenzando así a derramar sus favores entre aquellas personas que acudían con fe a pedir su intervención en sus necesidades. Uno de los portentos que le dio fama fue el de un matrimonio del Arenal.
El esposo todos los días se iba a trabajar al campo mientras su mujer se quedaba en casa haciendo las labores domésticas. El matrimonio empezó a tener conflictos, por lo que la mujer comenzó a tener amantes que también trabajaban en el campo, y en compensación por sus favores, comenzó a llevarles comida en una canasta.
Como el marido era muy celoso y sanguinario, ella trataba de esconder sus aventuras, hasta que un día alguien fue a contarle al marido lo que estaba ocurriendo con su esposa. Al día siguiente, el campesino decidió seguir a su mujer, quien llevaba una canasta de comida para su amante; el esposo la detuvo y ella se puso muy nerviosa, ya que sabía que si le decía la verdad, su vida y la de su amante estaban en peligro, y consciente que obraba mal, en su pensamiento pedía perdón por todos sus pecados al Señor de los Laureles, implorando su misericordia prometiendo que ya no engañaría.
El esposo preguntó violentamente que era lo que llevaba en la canasta, a lo que ella respondió: “¡maravillas!, se las llevo al Señor de los Laureles a su ermita”. Furioso porque sabía que mentía, el hombre tiró de golpe la cesta y descubrió que efectivamente la canasta estaba llena de flores de maravilla, así que se retiró a su trabajo, un poco más tranquilo, porque comprendió que la persona que le había dicho que su esposa lo engañaba, le había mentido.

La mujer se tiró al suelo llorando y dando gracias al Señor de los Laureles por haberla escuchado, y levantando las maravillas, se las llevó al Señor, agradeciéndole nuevamente por haberle salvado la vida y prometiéndole que sería una mujer recta el resto de su vida.
Estando en su hogar esperó a su esposo, y hablando tranquilos, confesó a su marido la infidelidad y el milagro que le regaló el Señor de los Laureles, y pidió perdón por su mal comportamiento; él la escuchó pacíficamente y la perdonó de corazón, después, fueron a ver al Señor de los Laureles para darle las gracias por haberlos hecho felices y ayudarlos a no caer por la torpeza de ambos.
Es así como la piedad popular le cambió el nombre de Señor de los Laureles por “El Señor de las Maravillas”.
El templo actual del Señor de las Maravillas fue terminado en 1812 y con el tiempo ha sido modificado. La sagrada imagen, realizada en madera policromada, posee peluca y barba de pelo liso y muestra a Cristo en el momento posterior a su muerte en la cruz, con la cabeza caída hacia su lado derecho y el cuerpo cubierto con diversas heridas sangrantes, siendo la más destacada la del costado derecho. Sobre su cabeza porta una corona real en vez de la característica corona de espinas, destacando tras la cruz varios rayos dorados en forma de óvalo, los cuales contrastan con la imagen de Cristo y con la placa metalizada con las letras INRI que corona la cruz, además, suele ser revestido con un cendal o paño de pureza de acuerdo al tiempo litúrgico.


Dentro el templo existe una pared donde se pueden apreciar una gran cantidad de exvotos, como fotografías y mechones de cabello, agradeciendo los favores recibidos a las personas que angustiadas por sus problemas acuden en busca de consuelo con el Señor de las Maravillas.
El Quinto Viernes y Domingo de Cuaresma, peregrinos procedentes de todas partes del país, transportados en camiones, bicicletas o a pie, acuden al santuario del Señor de las Maravillas para agradecer los favores recibidos, cerrando así con las popularmente llamadas Ferias de Cuaresma, en las que en distintas partes del país se veneran diferentes advocaciones de Jesucristo en el momento de su pasión dolorosa, preparándose así para la Semana Santa.
Es costumbre que quienes visitan el santuario por primera vez, principalmente los niños, porten una corona de palma adornada con flores, similar a la del Señor de las Maravillas, para presentarse ante la sagrada imagen. Otra costumbre propia de el pueblo de El Arenal, es la venta de tamales de anís y piloncillo que solo se pueden encontrar durante la feria del Quinto Viernes, por lo que en los alrededores del templo, algunas mujeres con canastas cubiertas con servilletas, venden este producto que ya forma parte de las tradiciones del tiempo de Cuaresma.











